La columna

La clave son los ingresos

01.10.11 | 10:22. Archivado en Política valenciana

El conseller José Manuel Vela sentenció por fin esta semana donde está la piedra filosofal de todos los presupuestos de la Generalitat para los próximos años. En los ingresos. Después de hablar de austeridad, ajustes y eficacia en la gestión, el responsable de la Hacienda autonómica apostó mayores decisiones “a ver cómo van los ingresos”. Y es que locos por los cuatro euros que suponen los recortes se nos olvida que sin ingresos resulta imposible mantener el compromiso de no tocar sanidad o educación. Pero Vela lo sabe.

Aun suponiendo que el Gobierno central avale la deuda autonómica, como también pide el presidente de la Cierval, José Vicente González. Y suponiendo que en un alarde de generosidad Madrid transfiera lo que debe a la Comunidad Valenciana. E incluso sumando los ahorros que deriven de apretarse el cinturón. Con todo esto junto no se alcanza lo suficiente para pagar los 20.000 millones de déficit que tiene la Generalitat o los 3.000 que acumulan los ayuntamientos de la Comunidad Valenciana. ¿Qué hacer?

Lo primero, como dice el presidente Fabra, es no creerse un miniestado y reorganizar la administración autonómica a tope. Pero aun así para equilibrar todo eso hace falta un crecimiento económico sostenible que permita mayores ingresos en las arcas de la hacienda pública (central, autonómica o municipal) sin subir desmesuradamente impuestos y tasas. Y esos ingresos fiscales para el 2012 y 2013 son los que están ahora en cuestión. Como mucho las previsiones los fijan en algo menos que en el 2011, con lo cual ni se puede pagar el gasto corriente, hacer inversiones y mucho menos amortizar deuda. Es un círculo perverso, porque las previsiones para el PIB de la Comunidad son deprimentes, por mucho que queramos revestir los datos de colores.

El destacado economista Nouriel Roubini (que anunció la crisis en 2007) insiste que ya estamos entrando de hecho en una recesión global. Con la caída del consumo interior en España y el efecto que esta recesión tendrá sobre nuestras exportaciones, es evidente que vamos a una atonía en el Impuesto de Sociedades, IRPF e incluso en el IVA. Menos actividad económica supone menos contribución fiscal. Y por lo tanto menos ingresos disponibles en las administraciones.

De ahí la insistencia de Vela de vigilar los ingresos. Eso es la clave porque es una variable de difícil control político. Los gastos pueden ser motivo de ajustes, de excelencia en la gestión y hasta de supresión, como deja claro Alberto Fabra en su mensaje regeneracionista. Pero los ingresos dependen de la actividad económica. Y eso puede alentarse, apoyarse y hasta incentivarse desde el Palaú de la Generalitat con mayores inversiones. Pero está unida a movimientos globales. Por mucho que se prime la exportación o el empleo, las empresas valencianas no venden más y contratan más gente si no hay demanda para sus productos y servicios.

Hay un trabajo a hacer, que obviamente pasa por cambiar modelos de gestión en la burocracia autonómica y municipal. Abaratar costes es algo muy común en la empresa privada y desconocido en la función pública. No en vano ya decía esta semana en las Cortes el conseller de Educación, José Ciscar, que un estudiante valenciano en una escuela concertada cuesta unos 3.000 € y en una escuela pública más de 6.000 €. ¿Mejor educación? ¿Más profesores? ¿Más medios? No. Simplemente eficacia en la gestión.

Eficacia y excelencia en la gestión pública, pero también tener en cuenta que para que exista la administración (política social incluida) empresas y familias deben contribuir con sus impuestos. Y si la economía no repunta lo demás es un brindis al sol.

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