El turismo es la tabla de salvación para nuestra maltrecha economía regional. La recuperación de las cifras de visitantes permite concluir que al menos este sector puede darnos alguna alegría. Y sin embargo los datos de los ingresos reales de este sector en la Comunidad Valenciana (Contabilidad Regional del Ministerio de Hacienda) nos dejan un toque de amargura. Vienen más turistas, pero gastan menos, apenas hay retorno de las inversiones y los sectores satélites del turismo (deportes, cultura o construcción) no reciben un euro de ese turista mileurista.
No son nuevas estas cifras. Los ingresos reales del turismo vienen cayendo desde el 2000, según datos del Instituto de Estudios Turísticos de 2010. En la Comunidad Valenciana el año pasado y este volveremos a incrementar el porcentaje de importancia del turismo, pero por caída absoluta de los otros sectores. Y no son ajenas otras comunidades a este descenso que obliga a invertir mucho capital físico para poner un turista en la playa. La rentabilidad aparente que ofrece ese turista es mucha, pero cuando haces un escandallo de los costes finales resulta que aunque el hotel llene, el supermercado venda y los ingleses beban mucha cerveza en Benidorm, al final hay pérdidas en el negocio global. Y alguien tiene que pagarlas.
Históricamente ese déficit ha sido siempre cubierto por la construcción y venta de viviendas vacacionales. Nuestra costa y todo el mediterráneo (incluso Francia e Italia) están llenas de apartamentos que alegremente la gente compraba para pasar dos meses al año. Ese fue el verdadero negocio del turista y sobre el que se asentó un modelo de sol, playa y apartamento. Un triángulo perfecto que nunca obligó a analizar la contabilidad general. Pero ahora ha desaparecido la venta de apartamentos y la explotación del turismo solo puede ajustarse sobre el gasto del turista en el destino. Y el perfil del turista visitante tiene ahora poco recorrido de consumo.
En el Plan de Estrategia Global 2009 y el Plan de Marketing Turístico 2011 que encargó Belén Juste ya se contemplan algunas alternativas. Pero los dos buenos estudios hacen especial hincapié en los formatos para vender nuestro destino, sin aventurarse en la explotación del negocio. Quizá temerosos de replantear un valor que nadie quiere cuestionar. Es como la agricultura valenciana. El valor se le supone pero es una ruina que conlleva el progresivo abandono del campo.
Hay un turista que ya tiene hecho el camino y al que no debemos renunciar, aunque teniendo en cuenta que una oferta barata trae turistas baratos y de escasa rentabilidad. Por eso habrá que buscar formas para que deje un dinero por la utilización de una playa que ocupa gratis cinco horas al día y que cuesta mucho dinero de mantener a ayuntamientos, Costas e Infraestructuras de la Generalitat. O encontrar el retorno de la inversión de ese paseo millonario. O conseguir (ya se está haciendo con la F-1 en Valencia) que el retorno (TIR) se produzca por la marca de la ciudad (magnífico el City Markenting de Valencia ) como referencia para otros sectores.
O buscar turistas de perfil alto que acudan atraídos por el deseo experiencial. La suma de Deportes, Cultura y Turismo en una sola consellería (Lola Jhonson) permite ofrecer un destino cualificado con muy poca inversión. No siempre hace falta el golf. Si tienes oferta cualificada puedes pedir 200 €/dia a un turista que solo te cuesta 150 atender. Buen negocio. Pero si un turista se deja 100 €/dia y cuesta 200 € limpiar playas, llevarle el agua, carreteras, primar Rayanair o la amortización del evento, hemos hecho un mal negocio aunque acudan millones de turistas.
Jueves, 31 de mayo
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo