En el polígono unos cuantos ya nos hemos constituido en grupo de presión o lobby (como se llama ahora) para a ver si vendemos más aquí o nos vamos a vender a Alemania o América. Pero cuando hemos ido a buscar datos nos hemos encontrado que la Cámara de Comercio, la consejería y hasta la Diputación de turno ya están vendiendo por su cuenta algunas de las cosas que nosotros servimos. ¡El colmo de una PYME! Nos hacen la competencia con nuestros propios impuestos.
Aquí todo el mundo habla de reforma laboral y hasta erótico-festivo, pero nadie se atreve a meterle mano a la liberalización de los servicios. Todos están como cuando con Franco. Entre los intereses corporativos de médicos, abogados, farmacéuticos o ingenieros, el intervencionismo político de las Cámaras de Comercio o agrupaciones empresariales y el ansia por meter la cuchara de cualquier institución, la cuestión es que cualquier día los ayuntamientos y las diputaciones se ponen a montar peluquerías o tiendas de chorizos, en lugar de promocionar que las montemos los ciudadanos.
¿Si yo soy Licenciado en Farmacia por qué no puede abrir una farmacia? ¿Por qué los dineros municipales pagan unas fiestas, unos cantantes o unas paellas y no pagan otras? ¿Por qué los sindicatos viven de la subvención pública y no de las cotizaciones o el cobro de servicios? ¿Por qué las diputaciones y las cámaras de comercio de la Comunidad Valenciana se meten a organizar tiendas en internet o estudios de viabilidad en competencia desleal con empresas que viven de estos menesteres? Y así hasta el infinito.
Hay una reforma laboral, otra social, la financiera, la fracasada de la enseñanza y hasta la sexual. Y no digamos la sistémica: el cambio en el modelo de organización del Estado. Pero no se habla de la reforma en los servicios, que pasa por la liberalización de la oferta. ¿Por qué en 2010 sigue siendo necesaria una televisión o una radio pública? ¿Por qué trenes y aeropuertos tienen que ser de titularidad pública? El concepto decimonónico de servicio resulta incompatible con la realidad. El gran comunicador de este siglo no es RTVE, RTVV, Renfe o Ferrocarriles de la Generalitat. Es internet, que es libre y privada. Pero los servicios arrastran un modelo desfasado. La última: la intención política de meterle mano a la publicación de anuncios de sexo en los periódicos. ¡Pero si financian la construcción de páginas web porno desde catorce administraciónes!
En Castellón la Diputación y una reducida asociación empresarial se montan una tienda outlet en internet con dinero público, en competencia desleal con docenas de programadores de informática que han optado por estos negocios y ahora ven como les hunden la oferta con sus propios impuestos. ¿Es una outlet un servicio público? Con razón docenas de empresas están que braman por esta intromisión en sus negocios. Cualquier día se meten a montar bares de copas. Cuando los del polígono vamos a hablar con un comprador alemán, ya ha ido uno de la Cámara de Alicante y le ha vendido zapatos fabricados en la India.
Pero es que la Cámara de Comercio de Valencia tiene una web dedicada al ocio en la ciudad que compite con otras de este estilo, carteleras, páginas de entretenimiento de los periódicos. Solo que estas últimas tienen que sobrevivir como pueden y la web de la Cámara vive de los presupuestos de la institución económica, alimentados por las cuotas obligatorias de sus competidores. Pero la mentalidad política española dominante ha permitido la intromisión de cualquier institución en el sector de los servicios sin tener en cuenta el derecho de empresas o profesionales a ganarse el pan. Hay que competir con la administración que vive de nuestros propios impuestos y no con otras empresas que se la juegan a productividad y conocimiento.
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Jueves, 31 de mayo
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo