Repaso los blogs de los últimos dos años y me encuentro que en 2008 ya escribí algo sobre las propuestas que desde el FMI, instituciones españolas varias, expertos y personas de buen querer hacían sobre la economía española. La crisis iba a ser más larga, dura y profunda de lo que todo hacía prever. El Gobierno de España y de Zapatero, estaba entonces si recoger el guante o mirar hacia otro lado. Pero por si acaso ya anunció una larga serie de medidas que de forma inmediata nos iba a salvar del desastre. Nos dejó al borde del abismo.
La bronca sobre Garzón, el franquismo y la Falange es una chorrada como un piano en la que se enredan PP, PSOE y todos sus acólitos porque no saben explicar qué está pasando en la justicia española. Pero igual es el atasco en el pacto por la enseñanza desde posiciones partidistas. O la huida frente a la crisis financiera. Y si me apuran hasta la incapacidad política del Gobierno por desatascar sus propias propuestas sobre reforma laboral, economía sostenible y otras bicocas. Todo esto no es producto de la división entre PP y PSOE. Es la tan cacareada crisis sistémica.
El panel de KnowSquare marca una ligera mejoría en el primer trimestre del año aunque sin pasarse. Más optimismo en la situación particular de las empresas y una previsión desfavorable para el ambiente general. Debe ser que la primavera la sangre altera a cada una de nuestras empresas, mientras la percepción general es que nos cada día nos parecemos más a Grecia: algo hay que cambiar pero nadie da el primer paso. Lo dice hasta Gómez Navarro: el problema es la credibilidad del Gobierno porque no es capaz de enfrentarse al problema.
La desconfianza reinante tiene dos procedencias: la falta de liderazgo ante la ansiedad social por la crisis y la falta de autoridad para aplicar soluciones. Es una queja permanente (“los políticos van a lo suyo”, falta de liderazgo) y que va agrandándose según sube la percepción de caos (“nadie que se atreve a meterle mano a la crisis”, falta de autoridad). Obama es más líder y manda más cuando más ejerce de líder y más autoridad demuestra. Para eso lo han votado los americanos. Nuestros líderes tienen miedo a ejercer de tales porque no son líderes y porque no saben qué mandar (autóritas y no potestas).
El ministro de Fomento, José Blanco, anda paseándose por España repartiendo trenes AVE, de cercanías y hasta de mercancías con el habitual desparpajo de quien siembra sin la responsabilidad de cosechar. Bien es cierto que va corrigiendo el tiro y ya dice que no puede haber cincuenta tres AVE en España, pero le suma cercanías en el paquete de la oferta y todo arreglado. Como cualquier obra ferroviaria tarda un mínimo de diez años en realizarse, a saber dónde estará el ministro Blanco en ese tiempo. Por ejemplo: yani recuerdo de cuán es el anuncio ese de ¡Papá, ven en tren!
Pero ello no obvia la necesidad de las infraestructuras que promete este señor a diestro y siniestro. Incluso lo hace tan bien que parece que es el único del Gobierno de España que es capaz de entenderse con las autonomías y ayuntamientos del PP. Parece José Bono. Por supuesto, en el PP son fans de Blanco, porque les permite subirse al carro de las promesas electorales. En la Comunidad Valenciana, por ejemplo, que Blanco visita todas las semanas, los del PP le hacen la ola cada vez que habla. ¡Es tan fácil prometer trenes a diestro y siniestro!
Lo peor es que como todo es juego político nunca se contempla toda esa infraestructura electoral con los cambios sociales, territoriales, urbanos y hasta económicos que lleva consigo. Algo en ese sentido está haciendo el Instituto Ignaci Villalonga, para demostrar que el eje ferroviario mediterráneo debe incorporarse como prioridad en las redes europeas porque además de ser el más rentable es el que genera mayor dinamismo urbano y social . No solo es cuestión de prometer trenes; es saber a dónde van y para qué sirven.
Ahora hace dieciocho años de la inauguración del AVE Madrid-Sevilla y sirvió para acercar Sevilla a Madrid y no Madrid a Sevilla. Todo lo contrario del efecto deseado. En Ciudad Real, Guadalajara o Toledo han conseguido el efecto residencial buscado, pero sin embargo no han incrementado el valor comercial de las plazas de referencia. Todo el mundo se va a comprar a Madrid. Cercanías ha tenido un efecto valorativo para los núcleos residenciales marginales que en su momento fueron Leganés o Alcorcón, por poner ejemplos. El mismo que ha tenido el Metro en Valencia, que revalorizado los pueblos de la huerta como zonas residenciales, pero no ha conseguido dotarlos de vida comercial.
Ahora se habla de AVE, cercanías y mercancías sin valorar los cambios sociológicos que esto puede producir. El AVE Valencia-Castellón puede aportar 25.000 habitantes nuevos a la segunda ciudad o puede convertir Castellón en una esquina del área urbana que se creará entre Gandía-Requena-Castellón con Valencia en el centro y como foco de atracción. Lo demás será periferia residencial. Tanto tren está muy bien, pero hay que prever también los cambios sociológicos que esto conlleva, como ya ocurrió hace más de cien años con aquellas máquinas de vapor.
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Tengo un amigo que hace unos años compró una nave en un polígono cercano a Valencia y amplió su negocio de ventanas de aluminio. Trabajaban él, su hermana, un hijo y contrató a tres empleados. Como otros miles de casos en la Comunidad Valenciana le queda por pagar un tercio de la hipoteca de la nave. Compró también un apartamento en la playa que revendió a los pocos meses ganando una buena cantidad, que dedicó a comprar un coche para el hijo y otra casa en un barrio prometedor de Valencia, al lado de Mislata. Era rico y pese a ser una PYME los veranos se hacía un crucerito. Como miles de casos de la Comunidad Valenciana.
El presidente Camps ha dicho esta semana que no hay alternativa al actual modelo productivo valenciano. Y no se si lo ha dicho porque no puede decir otra cosa o porque cree que debe ser así. Porque al mismo tiempo que el presidente dice esto desde otros puestos de la Generalitat (Vicepresidentes Gerardo Camps y Vicente Rambla y consellers de Educación o Turismo), diputaciones gobernadas por el PP, instituciones de estrategia y prospectiva, asociaciones empresariales y hasta los sindicatos, todos concluyen que hay que cambiar el modelo económico valenciano.
Más pronto que tarde alguien pondrá este tema encima de la mesa. Hay que cambiar el modelo de estado autonómico, porque la nueva economía no puede permitirse la superestructura creada con la Constitución. Dolerán las muelas y volverán los insultos habituales. Pero hasta la izquierda está replanteándose el Estado del Bienestar tal como se diseñó después de la II Guerra Mundial. ¿Cuándo llegará el momento? Cuando tarden tres días en pagar las nóminas de la Fe, las de la Paz o las Cercanías de Catalunya.
Todos los fines de semana me ocurre lo mismo. Desconecto un poco y cuando vuelvo a conectar creo que algo habrá cambiado. Que ya habrá llegado ese cambio de paradigma que está anunciado desde que estalló la crisis. Pero luego resulta que todo sigue igual: agonizante, pero igual. Nada cambia, ni siquiera en la versión del Gatopardo: para que todo siga igual. Eso si, en Grecia están muy mal.
En los últimos meses he defendido un par de proyectos innovadores en foros para fondos de inversión en Valencia, Alicante, Castellón, Madrid y Barcelona. Y lo más llamativo en el caso de la Comunidad Valenciana es la poca concurrencia de emprendedores y el escaso interés de los inversores para copar buenos nichos de negocio. Por decirlo de otra manera: los potenciales emprendedores valencianos quieren ser funcionarios y el dinero quiere rentabilidades del veinte por ciento y sin riesgo alguno. ¿Cambiará así el modelo económico valenciano?
Por fin brilla la inteligencia. Algunos empresarios innovadores están dispuestos a modificar el tradicional modelo de producción con costes bajos y escaso valor añadido por otro que integre diseño y alto valor añadido para atender la demanda del mercado de lujo de los países emergentes como Brasil, China o Polonia.
Los 50.000 folios del sumario Gürtel dan para mucho y van a dar para más a medida que se vayan conociendo las perlas de las grabaciones telefónicas, que me parecen más sustanciosas que el trasiego de un dinero que está por demostrar judicialmente. Hay un trasfondo freudiano en la personalidad de todos los actores que intervienen en la trama que convierte Gürtel en un episodio que será analizado por los piscoanalistas cuando acaben los jueces.
Primero es obvio que a cualquiera de nosotros nos graban un año de conversaciones telefónicas y al día siguiente vamos a pedirle al juez que nos acuse de lo qué quiera y cómo quiera: seguro que somos culpables de algo. Uno habla mal del jefe, le dice cuatro cosas a la mujer de un amigo y le aconseja a un tercero como hacer facturas sin IVA. Un año de grabaciones telefónicas te dejan en pelotas ante tu propio espejo. Si encima las conversaciones son entre sujetos del pelaje de Gürtel, pues sale el suculento cocido que se sirve estos días.
Dejando al margen las mil y una opiniones que trasiegan por papeles y tertulias, hay que valorar ese trasfondo freudiano que hay en los personajes. Evidentemente los padres de la criatura son unos chorizos elevados a categoría de ingenieros del timo. Ni Tony Leblanc haciendo el gangoso en Los Tramposos daba el pego tan bien. Los Gürtel habían estudiado a Sigmund Freud sin leer las obras del psicoanalista. Por eso sabían cómo eran sus víctimas políticas. Dejemos por consolidado la avaricia, la codicia y el afán de enriquecimiento de algunos de ellos y destapemos el preconsciente.
Freud sitúa en tres planos los caminos de un recorrido que lleva a cruzar la línea entre lo decente y lo indecente sin que alarma alguna se te despierte en el cerebro. ELLO es lo que encierra el impulso primitivo que te fija un principio de actuación. El YO es el consciente que se altera (o no) cuando transiges lo que asumes del ELLO; es el puente. Y el SUPERYO es donde metes los pensamientos morales y éticos que dan el visto bueno a lo que haces. Si eres un Superyo los dos otros campos quedan anulados y es explicable que te veas con el Bigotes para que te de los regalos de los niños. El preconsciente es incapaz de preguntarse por qué me hace regalos este sujeto; está anulado el ELLO (impulso primitivo moral) y el YO (ambición). Si eres un SUPERYO tienes derecho a los regalos y a hacerle un favor a quien te los hace. Una clase superior tiene derecho a esas cosas.
Ahora aparecerán más conversaciones y declaraciones que nos llevarán al horror de pensar quién es de verdad ese que saludaba en un bar. Aparecerán y buscarán dineros para actos de partido; dinero en B manando para luego conseguir obras y milagros. Pero la clave está en que los SUPERYO metidos en política acaban emergiendo y emergerán aunque les hagan un examen de conciencia previo a ocupar un cargo. Ya saben: en España le pones una gorrilla a un aparcacoches y se convierte en concejal de tráfico.
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Con una improvisación infinita cualquiera de los responsables educativos al uso un buen día decide que vamos a estudiar chino y al día siguiente concluye que andamos muy cortos de inglés. Y ahí tenemos dos cursos de niños que se vuelven locos aprendiendo un idioma que el tercer curso ha pasado a ser una maría. Esta vez le ha tocado el alarde al conseller de Educación de la Generalitat Valenciana, Alejandro Font de Mora, que ya ha anunciado que para el año que viene nuestros hijos van a estudiar más inglés. ¡Pues que bien!
Seguro que la consellera de Turismo de la Generalitat Valenciana, Belen Juste, tiene preparada la rueda de prensa para el próximo martes alardeando de que la costa ha conseguido un lleno del ochenta por ciento y el interior ha rondado una ocupación del cien por cien de turistas. Lo que no dirá es que el precio de las pernoctaciones no pasa de 30 Euros por noche y por un poco más de cien euros todo el puente festivo en la Comunidad Valenciana. ¿Sirve para algo ese turismo? ¿Paga siquiera el arroz que se come?
A estas alturas aún se arrastra el tópico con el que se medía el éxito turístico en la época de Manuel Fraga. ¡Premio para el turista cincuenta millones! ¡Este puente festivo rondaremos la plena ocupación! ¿Y para qué quiero cincuenta millones de turistas a cien euros? Lo dicho: con eso no se paga ni el arroz. Era una contabilidad medio válida cuando el capital físico invertido en apartamentos, hoteles o carreteras era mínimo y el único riesgo era el metro cuadrado de playa que ocupaban por esos precios.
Imagino un ciudadano de Alicante o Valencia que compró hace unos años un apartamento en Gandía o Torrevieja para luego alquilarlo vía economía sumergida (venderlo ni soñarlo). Paga una hipoteca de 800 euros al mes y unos gastos de cincuenta euros entre luz, agua, limpieza. Y resulta que lo puede alquilar unos sesenta días al año a una media de cincuenta euros noche, agosto por Año Nuevo. Al año saca 3.000 € y el apartamento le cuesta 10.200. ¡Menudo negocio el del turismo! ¿Qué le queda la inversión patrimonial? Y una casa rural anda por lo mismo, aunque los costes sean mucho mejores porque el capital físico está más amortizado.
La inversión en capital físico ha sido tan brutal en los últimos años que el único que ha hecho negocio es aquel que pudo vender los apartamentos antes de que cayera la crisis. El resto de la inversión no es recuperable a treinta euros la noche en Semana Santa y a tres euros el plato de paella. Si alguien fuera capaz de contabilizar coste de suelo, construcción, carreteras, conductos de agua y créditos sacaría unas cifras que son incompatibles con la euforia con los niveles de ocupación a precios de saldo. ¿Le hace alguien estos números a Belen Juste?
El camino es otro. La CIERVAL le llama Valor Añadido en los servicios para el turista. Jorge Martínez “Aspar” le pone nombres al valorar que el retorno de ese valor añadido no solo llega con los turistas físicos. Me comentaba esta semana que cualquiera de los eventos del motor de carácter internacional puede tener unos seiscientos millones de impactos publicitarios. Eso es rentabilidad para traer turistas, para situar nuestros productos en el mapa o para montar video juegos.
El dinero no solo debe llegar por las entradas que compran los valencianos. El negocio es otro, como saben el presidente de Aragón, Marcelino Iglesias, y el alcalde de Zaragoza, Juan Alberto Belloch, que han montando por trescientos millones un circuito en medio de un secarral sin que nadie proteste. Pero aquí decidimos que hay que reinventarse, ponerle valor añadido al turismo y darle sabores a la paella, pero luego nos contentamos con los turistas a treinta euros y ponemos a parir los seiscientos millones de impactos publicitarios. Pero tranquilos: para agosto bajaremos a 25 euros la noche con tal alcanzar el 150 % de ocupación….
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Jueves, 16 de febrero
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Antonio Javier Vicente Gil
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel
Pedro Fernández Barbadillo
Rufino Soriano Tena
Enrique Zubiaga
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Raúl González Zorrilla
Pedro Rizo