Hay un libro titulado “Los próximos cien años”, escrito por de George Friedman, que es algo así como el jefe de la Cia del conocimiento. Idea que vuela, idea que se lleva a la cazuela. Entre otras muchas cosas interesantes el libro adelanta lo que va a pasar en el mundo en los próximos años. Y eso, que parece una chorrada, resulta que es muy ilustrativo porque resulta que ya estamos en el año diez del siglo XXI. Esto es, que cuando hace cinco años decían que las salas de cine se habían acabado resulta que aparece el 3D y las películas interactivas y lo que acaba es con las salas de cine que no se adaptan a la demanda del mercado.
El libro dice que cuidado con China, que sigue siendo un Tigre de papel, o que Europa no va a pintar un carajo en solo un par de años, cuestión que se puede deducir del comportamiento esquizofrénico que tiene la Unión Europea con esto de la crisis. Por supuesto, también dice que esto ya es una guerra aunque los muertos no sean por sangre. Pero lo importante de Friedman es que obliga a pensar que cualquier reivindicación o cuestión a plantear no puede hacerse mirando al pasado sino mirando al futuro, que es cambiante a una gran velocidad.
Y entonces me bajo del libro y me pongo a atender las cuestiones consuetudinarias en las que andamos embarrados. ¿Hay que subir o no subir el IVA? Y Rajoy dice ahora que no (aunque hace cinco años dijo que si) y el PSOE dice que si (aunque hace unos años decía que no), pero nadie quiere mirar que pese a la crisis la balanza comercial española arroja en estos momentos un déficit mensual de más de cuatro mil millones de euros (importamos más que exportamos). Las importaciones no pagan impuesto de sociedades, cuota de la SS, etc.. Solo IVA. Por la tanto la tendencia para los próximos años obliga a subir mucho el IVA, para que paguen las importaciones, nuestros productos sean más competitivos en España, y a reducir los impuestos al trabajo.
O la bronca en la Comunidad Valenciana con el rescate de la AP-7 y, al mismo tiempo, hacer más carreteras por la costa. Alucinante. Esa es una idea que nació al mismo tiempo que Aumar hizo la autopista de peaje (el negocio del Banco Central fue construirla, no explotarla). Con lo cual desde el propio Camps ahora, al alcalde de Castellón, Alberto Fabra, Javier Moliner, el PSOE de Colomer o de Calles, que no se sabe muy bien, y algún otro asilvestrado, están defendiendo proyectos de 1970. Lo de desdoblar la N-340 de Castellón a Oropesa está bien para Marina D’ Or y un mes al año, pero sigue siendo un artilugio para mantener el stock invisible de viviendas vacías que hay en Benicássim a un coste inaguantable.
Friedman obliga a pensar qué va a pasar solo en los próximos cinco años antes de tomar una decisión inversora de este calibre. ¿Hay que aprender chino mandarín por el efecto mediático actual de China como proveedor o apostar por el árabe como lengua dominante en los mercados más próximos? ¿Hay que enredarse con carreteras costosas o apostar por vías de sur a norte (autovía de La Plana), el AVE, corredores ferroviarios de mercancías y una potente red de trenes de cercanías ? Las autovías de aproximación o la historia de la AP-7 son una frustración de los 70. Plantear esta superinversión innecesaria a diez años vista es una manifiesta incapacidad frente la sociedad del siglo XXI, que es en el que estamos.
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Jueves, 31 de mayo
Vicente Torres
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