Nos jode un montón que cinco mil ingleses vengan a Salou a emborracharse en un botellón semanal. ¡Menuda imagen para España! ¡Cuánta molestia para los vecinos! Pero asumimos encantados el botellón que se montaron esta semana diez mil universitarios en Valencia con el argumento de una fiesta universitaria o los microbotellones convocados en cientos de pueblos y rincones de España bajo la excusa de que la semana está santificada para una procesión, un atasco o el botellón paellero.
El amor y el dinero son las mejores excusas para cualquier tipo de tropelía. No es que todos los que quieran tener estos objetos de deseo se lancen en picado sobre carteras y corazones, pero quienes están por la labor encuentran el terreno abonado. Por lo tanto, no mezclemos el dinero con dedicarse a la política ni por ejemplo el amor con la violencia de género. En ambos casos estas desviaciones son producto de la avaricia o la ambición de poder. Lo que presuntamente ha hecho Jaume Matas, al que los billetes de 500 le deben salir por la entrepierna, tiene poco que ver con la política y mucho con la avaricia.
Porque a estas alturas hay que ir diferenciando actitudes. No se si Matas se los ha llevado crudos a raudales. Eso lo tendrá que decidir el juez de turno. Aunque en este tipo de situaciones ya está condenado porque la justicia mediática no perdona. Roldan, que es el malo entre los malos y el chorizo mayor del Reino, a lo mejor no tiene para un café. Pero la justicia mediática le ha asignado cien millones de euros en las Maldivas y ya puede morirse de hambre que todos tenemos muy claro que es un supermillonario. Eso pasa con el proceso político a Matas, al que por algo el juez le pide tres millones de euros de fianza.
Insisto que no se si Matas se los ha llevado o no crudos. Todo parece que así es, pero ya es extraño que reviente solo el caso Palmarena y en todo lo demás fuera un humilde servidor. Me da la sensación que hasta piscinas de directores de periódicos debe haber por el medio de tanto ruido. Y sin embargo lo que demuestra la ambición sin límites de la familia Matas son las escobillas del wáter a 300 €. Cuando uno se gasta 50.000 pesetas en una escoba es que cree que lo que limpia vale su peso en oro. Y eso ya es un criterio de vida que refleja avaricia y ambición. Ya no hay política: hay una actitud moral que pese a subjetiva debe ser castigada en la plaza pública.
Por eso no creo que cuando un individuo toma esta actitud lo que traslada al partido que lo sostiene son los reales que le devuelven al comprar la escobilla. No está en política para lucrarse ni se lucra porque está en política. Todo esto es un instrumento para atender su ambición. Y a ello le suman ustedes todos los condimentos que quieran con la confluencia en Mallorca de intereses inmobiliarios, piscinas periodísticas o vacaciones reales. Si el individuo quiere una escobilla de 300 € todo son instrumentos financieros. Y si el PP era el pobre de la puerta, pues peor para él. Tontos son los partidos que acaban aceptando a estos personajes porque les sueltan unas limosnas o les hacen la pelota al jefe de turno.
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Los políticos españoles han hecho suya la máxima periodística de que la verdad no te hurte una buena noticia. Hay que sacar sangre en los titulares o chismorreos en televisión, y da lo mismo el motivo de esa sangre o la verdad del chismorreo. La gente no mira hacia otro lado. Los políticos se encelan en broncas permanentes y así evitan que el personal mire hacia el lado que más duele. Es lo que se llama el agit-prop (agitación y propaganda) para llamar la atención. Morfina pura.
El argot valenciano explica muchas cosas. Por ejemplo, cuando uno se encuentra a otro que no sabe a qué se dedica, qué hace o a dónde va se le pregunta: “I tu per a quí culls?”. Si sabe contestar queda clara hasta su familia de procedencia, su trabajo y hasta si es de fiar. Lo dejas entrar en tu casa o lo invitas a un barrechat. Pero si no contesta en claro no hay que darle mayores confianzas. Vayamos pues a la pregunta. ¿Per a quí cull el PSPV-PSOE? ¿A jornal de qui va Alarte? ¿Y Pajín? ¿Y Fernández de la Vega? Mientras esas preguntas no tengan respuestas claras el PSOE no ganará unas elecciones en la Comunidad Valenciana.
Hay un libro titulado “Los próximos cien años”, escrito por de George Friedman, que es algo así como el jefe de la Cia del conocimiento. Idea que vuela, idea que se lleva a la cazuela. Entre otras muchas cosas interesantes el libro adelanta lo que va a pasar en el mundo en los próximos años. Y eso, que parece una chorrada, resulta que es muy ilustrativo porque resulta que ya estamos en el año diez del siglo XXI. Esto es, que cuando hace cinco años decían que las salas de cine se habían acabado resulta que aparece el 3D y las películas interactivas y lo que acaba es con las salas de cine que no se adaptan a la demanda del mercado.
Los estudiosos de la prospectiva extraen dos claras conclusiones respecto a lo que va a ocurrir en España en los próximos meses. Unos amenazan con una rebelión de los humildes, hartos de tanto paro, mamoneo político e incapacidad de liderazgo. Y otros insisten en la sociedad del miedo que llevará a mayor cuotas de sumisión a los millones de personas que están (estamos) pasando a la categoría hindú de intocables. Unos hablan de rebelión y otros de sumisión.
La cultura mediterránea se apoyó siempre en los solsticios. Cuando el sol estaba más cerca se plantaban las semillas y se quemaban los restos del invierno en un rito depurativo que daba paso a un nuevo ciclo. Luego las religiones operaron en consecuencia y le pusieron nombre y fechas a estos momentos. Pero siempre la sociedad mediterránea renace de sus cenizas y tras el largo invierno vuelve a florecer. Anoche quemamos las fallas, el 24 de junio las hogueras y la crisis nos está quemando por los pies. ¿Por qué ahora nos cuesta tanto renacer sobre las cenizas?
Cuando Vicente Vilar (Naranjax y hoy en la cárcel) presentó hace seis años su denuncia contra Carlos Fabra sabía que el daño que quería hacerle al presidente del PP en Castellón y de la Diputación no solo era una venganza personal. Atacó directamente a la línea de flotación del PP, provocando una zozobra que más pronto o más tarde traería todo tipo de alteraciones en el guión político de la provincia y de la Comunidad Valenciana. Igual como quienes le pusieron pólvora a las conversaciones del Caso Gürtel también sabían que la cosecha la recogerían con el tiempo, cuando las frutas estuvieran maduras para caer del árbol.
Andamos en el polígono discutiendo sobre la subida del IVA que nos quiere meter Zapatero y no nos ponemos de acuerdo. Unos dicen que nos va a joder aún más el negocio y ya no venderemos un clavo. Y otros decimos que lo mismo nos da que nos da lo mismo, porque antes la gente compraba valiera lo que valiera lo que querían. Si ahora no compran es porque no tienen dinero o tienen miedo a gastarse los pocos que guardan.
La Generalitat Valenciana acumula un déficit de casi el 15 por ciento. El paro supera con un 22 % y es el más alto de España. La confianza empresarial y ciudadana está por los suelos. Desde FUNCAS hasta el Financial Times dicen que la Comunidad Valenciana no volverá a ser lo que era. Y día si y día también salimos en los papeles con alguna risa como la censura de las fotos o el consabido “caso Gúrtel”. Sin embargo, pese a todo esto, el presidente de la Generalitat y del PP, Francesc Camps, desborda optimismo en sus discursos.
Con gran aparato electoral Esteban Morcillo fue elegido esta semana Rector Magnífico de la Universidad de Valencia. Aunque, pese al voto delegado y la gran alharaca mediática, los promotores de la campaña solo consiguieron una participación del 17 por ciento de los posibles votantes ya que las elecciones a la mayor universidad de la Comunidad Valenciana interesan a muy pocos, quizá porque saben que no sirven para nada o porque es un asunto de unos cuantos.
El problema grave es el paro. En la Comunidad Valenciana hay 506.000 personas que padecen la pandemia de forma intensa, sin que se vislumbre alternativa más o menos creíble a su situación. Pero hay que echar una mirada al 1.707.550 personas que a fecha de hoy están registrados como cotizantes y que todos los días ponen las barbas a remojar, con o sin economía sumergida de por medio.
El problema grave es el paro. En la Comunidad Valenciana hay 506.000 personas que padecen la pandemia de forma intensa, sin que se vislumbre alternativa más o menos creíble a su situación. Pero hay que echar una mirada al 1.707.550 personas que a fecha de hoy están registrados como cotizantes y que todos los días ponen las barbas a remojar, con o sin economía sumergida de por medio.
La patronal de Diaz Ferrán lanzó el órdago esta semana para retirarlo de inmediato, pero avanzó tres puestos en el tablero de ajedrez que acaba siendo un pacto social. El jugador lanzó el anzuelo del salario mínimo a sabiendas de que la otra parte e incluso la opinión pública picarían por confusión con el salario justo. Y es que los últimos quince años han sido tan locos en España que hemos perdido las referencias metafísicas que incluso estaban presentes en las batallas sindicales del franquismo. Parecemos americanos que solo vemos las consecuencias prácticas de nuestras decisiones. Un salario mínimo para un coche nuevo, no una compensación por el trabajo bien hecho.
Los políticos de turno están discutiendo si hay que subir el IVA o no, aplicando solo el criterio político de hacerle o no el caldo al Gobierno de España. Y hay un punto de reflexión hecho desde las Cámaras de Comercio que resulta muy interesante.
En Francia han establecido un debate para definir la nacionalidad francesa. Es solo un truco para excluir más pronto que tarde a los millones de inmigrantes que no podrán tener derecho a determinadas prestaciones por no ser franceses de pura cepa. El Estado del Bienestar solo para los franceses. Y es que tienen muy claro que el modelo de estado asistencial creado tras la Segunda Guerra Mundial solo da para unos cuantos afortunados. Este debate en España ya lo tuvimos en tiempos de Ortega, aunque encerraba un bucle tribal y melancólico más que económico. Pero la crisis lo está haciendo rebrotar.
Me lo pasa un amigo que tiene a los inspectores de Hacienda en su despacho revisando no se qué para sacarle no se qué dineros. Le han dicho que la Agencia Tributaria cree que la recaudación de 2009 en la Comunidad Valenciana ha sido un 22,4 por ciento menos que en 2008 y la del IVA un 37, 3 %. ¿Ya está claro cuál es el alcance de la crisis en esta tierra? En España, en el mismo periodo, la caída de la recaudación tributaria ha sido del 17 %, seis puntos menos.
Jueves, 16 de febrero
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Antonio Javier Vicente Gil
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel
Pedro Fernández Barbadillo
Rufino Soriano Tena
Enrique Zubiaga
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Raúl González Zorrilla
Pedro Rizo