Todos queremos encender la luz y pagar poco en el recibo pero nadie quiere tener en su pueblo una central nuclear o un almacén de residuos nucleares. Y todos queremos que nos recojan la basura, pagar poco por el servicio y que las amontonen o las quemen en el pueblo de al lado. En solo dos hechos actuales aparece el fondo de la irresponsabilidad social corporativa e individual española.
Los municipios que se presentan a albergar la piscina de residuos nucleares son pequeños, muy pequeños, y sus concejales y parte de los vecinos toman esta decisión por los seis millones de euros al año que tiene de compensación. Y como mucho por los puestos de trabajo que comportará la obra; mano de obra para tirar de ladrillo. En caso alguno se plantean que alrededor de este centro puede haber algo más que subvenciones y jardineros.
Aún está por ver que la responsabilidad corporativa lleve a una ciudad media a demandar las instalaciones a cambio de que le monten un centro de investigación, vías de financiación para la instalación de empresas afines y otras alternativas que quedarían en el know now de la sociedad para siempre. Que se lo pongan al del piso de al lado.
Pero igual pasa con las basuras. En la Comunidad Valenciana hay una guerra municipal y provincial porque en Algimia, Xixona, Villena o Campello se niegan a recibir en sus plantas de tratamiento de residuos las basuras procedentes de Valencia o Castellón, donde tampoco saben ya qué hacer con ellas ni las quieren. A la incapacidad del gobierno autonómico para tomar decisiones en su momento (el plan integral de residuos lleva años de retraso) se suma la decisión popular de no aceptar en su patio ni sus propias basuras. Que se las lleven al piso de al lado.
Y como en el almacén nuclear, ni una mención a la puesta en valor/precio de todos los residuos. En el centro de Viena hay una planta incineradora de residuos con un diseño turístico y que produce energía para el consumo de 150.000 personas. Solucionan el problema de sus propias basuras y encima le sacan dinero, porque el manejo de los residuos es un buen negocio. Hay, pues, una decisión social corporativa, individual y económica. Pero aquí, como en el almacén nuclear, no hay más reflexión que la tópica, porque nadie aporta mayores razones respecto a peligrosidad o contaminación. Solo vale un argumento: que lo pongan en el piso de al lado.
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Jueves, 31 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
José Pómez