Un amigo de Valencia que es un buen profesional de la agricultura (invernaderos) dice que el abandono del sector es más de un tercio de la tierra dedicada en los últimos años a diferentes cultivos. Pero dice que lo peor es que lo que ya no quedan en el campo español son agricultores. Como considero que mi amigo sabe lo que dice y tiene razón me pregunto para qué tanta historia con los precios agrícolas, el debate sobre el agua para regar lo que no se planta y las protestas por las relaciones preferentes de la Unión Europea con la agricultura de Marruecos.
La agricultura mediterránea es una sombra de lo que fue. No hay producto y un tercio de los campos son solares reconvertidos en PAIs pero sobre los que no se construirá una vivienda en unos veinte años. Ni naranjas, ni melones, ni apartamentos. Si ya no era rentable hace unos años, ahora la agricultura mediterránea languidece a la espera de que la caída en la producción permita mejorar los precios. Así ocurre este año con la naranja, cuyas variedades más primaverales ya están cosechándose por el frio y el desabastecimiento del mercado. Solo un año excepcional.
Pero la agricultura continental está sumida en una peor contradicción. Sigue creciendo el cultivo de cereales, echando mano de acuíferos que están agotados y dejando secas las zonas costeras. Plantan y plantan para no vender ni siquiera recibir las subvenciones europeas que recibían antaño. Pero esa agricultura no sabe hacer otra cosa. Por eso en Españala participación de la agricultura en el PIB ha pasado del 2,9 en 2005 al 2,5 en 2009. En Navarra del 2,9 al 2,7. Del 2,2 al 2.0 en la Comunidad Valenciana. Del 1,5 al 1,3 en Catalunya. Y así en otras comunidades, exceptuando las de mano de obra intensiva.
A fecha de hoy nuestra agricultura no es competitiva porque ni tiene agricultores especializados (lo cual no quiere decir gente experimentada) ni producto (que no productos) con demanda en el mercado. Es una perversión más del crecimiento que tuvo la construcción en los últimos cinco años. El cliente pide producto adecuado a una dieta alimenticia concreta; no volumen de producción. Y eso no sabemos hacerlo más que en pequeñas cantidades. Y lo peor es que estos males no tienen remedio porque nadie los plantea. La agricultura sigue midiéndose en toneladas de producción, en hectómetros cúbicos de agua y en mano de obra barata. Nadie valora colores, sabores y nutrientes, que sería nuestro espacio de negocio.
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Sábado, 18 de febrero
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Raúl González Zorrilla
Vicente A. C. M.
Antonio Javier Vicente Gil
Pedro Fernández Barbadillo
Cesar Sinde
Toni García Arias
Juan Fernandez Krohn
José Pómez
Francisco Rubiales
Carlos Ruiz Miguel