Dice mi hijo el economista que hay un catedrático de la Universidad Ramón LLull, Santiago Becerra, que dice que este año va a ser peor que todo lo anterior. Este señor tiene un libro que anuncia un gran Crack, pero como habla por la SER y sale en los periódicos su premonición todavía es más terrorífica. Pero me parece que lo peor no es que tenga razón es que no hacemos nada por quitársela. Por desconfianza, incertidumbre o soberbia la cuestión es que nadie dar su brazo a torcer y seguimos cometiendo los mismos errores de hace dos años.
El señor Niño dice que la gran crisis va a ser sistémica, pero yo que miro a mis compañeros de polígono pienso que nadie se decide a montarse el negocio postcrisis. Lo que si que hemos hecho todos es pasarnos a la economía sumergida. Yo no pago el IVA de nada y en el polígono nadie lo hace. Por eso a Hacienda le baja el Impuesto de Sociedades, sube el paro estadístico, pero no hay asaltos por las calles. El que más y el que menos tiene su apañito para pagar la hipoteca y los garbanzos.
Lo malo es que esto da para lo que da; más pronto o más tarde se acaba. Y de repente nos volveremos a encontrar con que hay que trabajar de otra manera, saber inglés, irse a China o Filipinas y conocer a nuestro cliente como si fuera nuestra mano derecha. Pero mientras la cosa aguante nadie quiere ir más allá.
Por eso todos los grandes estudios y planes estratégicos que se hacen quedan en nada. Tienen buenas ideas y mejores soluciones para salir de este atolladero, pero nadie quiere cambiar su forma de trabajar para alcanzar ese nuevo modelo económico que amanece como única alternativa de futuro. A mi vecino de nave le hablan de productividad a la hora del almuerzo y dice que para después del carajillo: ¿Para qué cambiar lo que siempre me iba bien?
En una encuesta reciente de las Cámaras de Comercio una gran parte de los empresarios encuestados reconocen que este año les va a ir peor, pero la misma proporción no está dispuesta a aliarse con otros para fabricar mejor y más barato, no quiere saber nada de deslocalizarse y lo de las nuevas tecnologías les parece un cuento chino. La única alternativa es bajar costes como sea y muy poco pensar en compartir redes de ventas o valorar lo que quiere ahora el cliente.
Como dice Niño para este año todos calvo, pero a lo mejor es que nos gusta la alopecia.
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Soy coincidente en apreciar en estos momentos las mismas circunstancias negativas que se exponen en el comentario, que de alguna manera son como realmente se desenvuelve en estos momentos el mundo fabril o comercial en la mayoría de las regiones españolas. Existe un seguidísmo especulativo o conformismo peligroso que de persistir, retrasara la salida de la crisis.
Jueves, 31 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
José Pómez