Los medios de comunicación oficiales llevan tres días horrorizados con una fiesta “rave” en un polígono industrial de Paterna (Valencia), que arrancó el día de Nochevieja y ayer todavía seguía. Nadie se quiso enterar de la convocatoria que se hizo por Facebook, Twitter, Tuenti, SMS y otras variables de internet. Nadie se quiso enterar de los camiones que días antes cargaron y descargaron bebidas, toneladas de hielo. Y solo reaccionó la policía local del municipio de Lorenzo Agustí (PP) cuando un vecino protestó por el tráfico.
Para unos esto de la fiesta o de los botellones resulta algo desagradable, propio de lo desenfrenada que está nuestra juventud. Pero el fenómeno tiene una traslación sociológica que va a dejar huella. Y quien no quiera reconocerlo se va a quedar viendo como pasa el tren.
¿Cómo es posible que miles de personas contacten por diferentes redes sin que todo el entramado mediático, político y policial se entere? Eso muestra la profunda brecha que hay entre sectores de la sociedad en cuanto respecto al uso de las nuevas tecnologías. Los medios oficiales de turno andan litigando si Belen Esteban le ganó a la Uno o si fue al revés. Y no cuentan las transmisiones de las campanadas por cualquiera de las redes al uso. A tres años de su aparición, ¿cuántos tomaron las uvas por Facebook? Pues según los datos de Alexa fueron unos cuantos cientos de miles. Pero como eso no se quiere ver, ni se enteran de las convocatorias de botellones, fiestas y demás jolgorios.
Y lo mismo respecto al modelo comercial. En cualquier botellón o “rave” hay azafatas de un par de marcas de ginegra o wodka, que ya han decidido abandonar la promoción en discotecas para trasladarse a donde está el cliente. ¿Si ellos lo ven cómo no se entera la cartelera de espectáculos o la policía local? Pues porque viven en un mundo irreal, donde hay que estar en casa antes de las diez como decía Serrat. Por eso tampoco entienden el por qué del fracaso escolar o el paro juvenil.
Esta modalidad festiva es imparable y lo único que le puedes pedir son medidas sanitarias y no molestar al vecino. Por eso algún innovador con discoteca en crisis ha encontrado una solución solo a base de escuchar la demanda de sus clientes y además elimina la competencia del botellón. Todos los sábados pone la discoteca y todos sus servicios y licencias a disposición de quien quiera organizar una superfiesta solo a cambio de que le paguen cinco euros por visitante. Y cada uno que se traiga los cubatas, la música que quiera y se monte el márketing por internet.
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Octogenario. Muchas gracias por seguir mis blogs.
J
Sr. Montesinos, que pena que esta casta parasitaria que tan mal nos gobiernan, no se apliquen leyendo esta didáctica crónica tan real, como la vida misma.
Jueves, 31 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
José Pómez