Con la boina metida hasta los ojos el debate sobre la nueva Ley del aborto se convierte en un asunto exclusivamente religioso, hasta el extremo de que ni siquiera son presumibles valores bioéticos. La discusión no está en la defensa de la dignidad humana, sino en si abortar es o no pecado. La religión, como en el debate estético de los crucifijos en las escuelas, vuelve a apoderarse del escenario.
La dualidad entre el bien y el mal que tradujo San Agustín para entroncarnos con las creencias paganas es el elemento dominante en una propuesta de ley en un país laico constitucionalmente. Los abortistas son malos y los antiabortistas son buenos. Lo marca la fe, no la razón. España casi parece Alejandría cuando en nombre de Dios acaban con Hipatía por pensar más que los profetas.
La religión marca nuestras vidas y decisiones más allá de que seas cristiano, musulmán, agnóstico o ateo. No hay manera de escaparse de una cultura que conforma hasta las leyes. Ante un tema bioético como el aborto no hay debate o posiciones personales; hay pecado o hay salvación. Unos te condenan en nombre de Dios y otros te mandan una Santa Inquisición civil por si te niegas al pecado.
Marcados por la religión, todas estas cuestiones están adobadas por el folklore que domina la vida política española. Ya no se si el Gobierno saca estas cosas a pasear para ocultar lo de Al Qaeda y la saharui, que a su vez sirven para aliviar la crisis económica. O si quiere provocar a la derecha para equilibrar su desgaste en la gestión. Pero un tema bioético se convierte en religioso porque los actores quieren. Puro folklore, porque ya me dirán qué hace el Partido Nacionalista Vasco, democristiano y con boina hasta la nariz, votando a favor del aborto con el PSOE cuando todos ellos son jesuitas.
Jueves, 31 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
José Pómez