Por mucho que los estudios de Prospectiva que Andrés García Reche le hace a la Confederación Empresarial Valenciana o los que elabora la Politécnica o la Agencia Valenciana de Prospectiva, al final resulta que lo que falta es sentido común. O como decía en un artículo el delegado de El País en la Comunidad Valenciana, Josep Torrent: lo que se pide es unos cuantos ataques de cordura.
Doy por valida que la propuesta del Gobierno de Zapatero contenga un sinfín de buenas voluntades, pero según repaso su enunciado me resulta menos viable, aunque en el desarrollo normativo se apliquen al detalle. Y todo por un fallo conceptual. La crisis económica en España no solo es producto de la globalización o de la burbuja inmobiliaria. Aquí arrastramos el mal desde hace muchos más años. No pueden crear un modelo económico de la nada; hemos de transformar lo que hay.
En la ciudad de Castellón se han presentado cinco mil candidatos a la convocatoria de cuarenta plazas de oposiciones como celadores y auxiliares del Hospital Provincial. 5.000 para 40. Es la mejor prueba de cómo está el patio. Y sin embargo aquí andan unos pendientes del milagro que producirá la Ley de Economía Sostenible que propugna Zapatero o de la confrontación de las dos Españas que supone este Barça-Real Madrid.
Dicen los economistas que la urgente salida a la crisis puede derivar en un modelo a lo Franskenstéin, a base de sumar cadáveres que acaben en un engendro sin más futuro que el del momento políticamente oportuno. Eso parece que es el nuevo modelo de economía sostenible anunciado por Zapatero como mal para nuestras penas. Atendiendo a lo que dice el propio Felipe González no más allá de este fin de semana: los modelos económicos no se crean por decreto porque pueden derivar en artificios.
Miles de agricultores se manifiestan en Madrid para pedir lo mismo que los fabricantes de coches, los bancos, los autónomos o los currantes mileuristas. Piden que el Gobierno controle la libertad de comercio y financiación para salir delante de la caída de sus ventas. Y al igual como los coches, los constructores, los banqueros o los mileuristas, no quieren plantearse la entidad de una crisis que en su caso se alarga mucho más allá de los intermediarios o la burbuja de la demanda.
En un país en el que se gobierna a golpe de titular es fácil entender que el informe de FEDEA (Fundación de Estudios de Economía Aplicada) sobre el monstruoso déficit de la sanidad pública no pase de ser una anécdota, pese al elevado endeudamiento del Estado español. Es más importante el Ferrari de Camps, los 2,5 millones pagados por el rescate de los marineros del Alakrana o la república de los trabajadores que amenaza con instaurar Zapatero. Todo política de titulares.
Aunque es sábado los del polígono almorzamos juntos para celebrar que por fin nos han devuelto el IVA. Pero como siempre el enterado de la tornillería ha traído unos periódicos con lo que dicen que son las conclusiones de las cumbres de los grandes empresarios españoles. “Dicen lo mismo que hace cinco años”, lee el carpintero. “Deben tanto que no se enteran de lo que está pasando”, añade otro. “Tienen artrosis”, como mi abuela. “Tienen miedo a moverse por si se caen”. De la crisis saldremos pero nadie sabe cómo y hacia dónde.
Diga lo que diga la Constitución y los progres este es un país muy religioso. Con cualquier excusa nos liamos con la religión, llámese católica, musulmana o budista. Nos encanta la teocracia y si pudiéramos celebraríamos San Obama, San Zapatero o Santa Hipoteca. Esta devoción alcanza su paroxismo con la llamada a las cruzadas por parte del portavoz de la Conferencia Episcopal, Martínez Camino, la hipócrita reacción laica de los políticos democratacristianos o la expulsión de la abogada musulmana Zoubida Baskik por llevar pañuelo delante del juez Gómez Bermúdez.
Lo dijo Juan Fernández Aceytuno, autor del libro “Gestión en tiempos de crisis”, cuando habló el lunes pasado a los industriales azulejeros de la Comunidad Valenciana: Esta crisis le llaman X porque nadie sabe de verdad cuándo se resolverá. Por eso cuando esta semana en el polígono uno de los comensales comentaba la conferencia la siguiente decisión fue pasarse a la economía sumergida. ¿Quién aguanta sin saber qué va a pasar? Bueno, como dice Daniel Montero, solo lo aguanta La Casta (El increíble chollo de ser político en España, La Esfera de los Libros).
La perversidad de la política española llega incluso a confundir el verdadero motivo de las necesarias fusiones entre cajas. No es una cuestión de poder político, ni de marcos regionales, ni siquiera de empleados o de mercados cautivos. Es una cuestión de exceso de riesgo y control del crédito. A un político se le cambia de un cargo a otro con un buen sueldo. Y para un empleado de una caja la prejubilación es una bicoca. Pero a quienes han conseguido créditos fáciles y millonarios no les gusta que les cambien el reglamento y el interlocutor.
No tengo muy claro a santo de qué el vicepresidente del Consell de la Generalitat Valenciana, Gerardo Camps, se lanza ahora a meter en la agenda política la necesaria fusión entre Bancaja y la CAM, con el añadido de la Caixa d’ Ontinyent. Puede ser por generar un problema que distraiga de Gürtel. Puede ser por evitar el efecto centrífugo que tendría una fusión CAM-Caja Murcia. Y hasta puede ser porque las dos entidades financieras están necesitadas de socorro. Pero lo absurdo es meter esto en la agenda sin abordar un cambio profundo del sistema financiero valenciano, que data de los ochenta.
Todos los meses asistimos con ansiedad a la publicación de las cifras del paro, como si a base de contemplarlas con el victimismo de Sancho Panza se nos ocurriera la hazaña quijotesca de salvar a todos los desempleados. El miedo al fin y al cabo (No Miedo, Pilar Jerico, Alienta editorial) es una amígdala que envía mensajes al resto del cuerpo. Lo duro en estos momentos económicos es que la parálisis que convocan las cifras del paro es de tal calibre que todo el mundo olvida bombear el oxígeno suficiente para crear empleo.
Jueves, 31 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
José Pómez