En los últimos meses/años aparecen como setas dos nichos de negocios. Las llamadas escuelas de negocios y las consultoras que hacen planes estratégicos y recomienda innovar a cualquier precio. Pero luego resulta que los empresarios de a pie arriesgan poco por un nuevo modelo económico, bien porque el banco no les fía ni para el ordenador o porque no se creen que poniendo un lazo azul en la barra del bar vayan a tener más clientes. Si encima los planes estratégicos institucionales solo hablan de lo que había que hacer antes de la crisis, pues ya tenemos un motivo más por el que seguiremos en furgón de cola de la recuperación económica.
Todos esos planes hablan de crear brotes verdes para generar empleo, que una cosa trae la otra. Pero nadie concreta qué sembrar para tener esos brotes. Por ejemplo: Jeremy Rifkin dice claramente que los grandes cambios económicos de la historia se producen cuando convergen nuevas formas de comunicación y nuevos regímenes energéticos. Los dos efectos se están produciendo ahora, pero instituciones políticas y patronales siguen apostando por la comunicación clásica del siglo XIX (la televisión casi es de esa época) y por financiar con dinero público las fábricas de coches con motor de explosión. Con esos ejemplos prácticos quién se plantea innovar y planificación estratégica. Luego llega Zapatero y lo jode todo por pactar con el PNV.
El diario alemán Frankfuster Allgemeine Zeitung hablaba hace unos días de “El paciente español” como muestra de que mientras Europa vivirá en los próximos meses un proceso de recuperación, nosotros seguimos en la UVI. Pero eso no es lo más grave. Al fin y el cabo eso procede de razones estructurales acumuladas durante años; no es solo efecto de la crisis. Lo peor es que mientras en el resto de Europa hablan de “sangre, sudor y lágrimas” para salir adelante, con un cambio total del paradigma económico, aquí han convertido hablar de innovación en un negocio que no quieren aplicar los clientes.
El nicho no está en innovar sino en cobrar el curso a diez mil euros. El cliente al final no se lo cree porque todo es filosofía y nadie le dice qué fabricar que pueda venderse con un 18 por ciento de IVA. Entre góticos, gürtels, olimpiadas y contabilidades presupuestarias que solo encajan rompiendo el modelo político, es tanto el ruido que resulta imposible “pensar en silencio” frente a la crisis, como reclama Armand J. De Vert para poder parir nuevas ideas útiles.
¿Innovar para qué? En este país siempre ha dado mejor resultado preparar oposiciones y dejarse engañar por el político de turno. El constructor que tiene cien viviendas por vender no va a innovar. Está obsesionado con el crédito del banco y con empezar a construir en el solar que tiene al lado, como si no hubiera pasado nada. Y lo mismo el de las botas camperas o el fabricante de puertas. Preguntan qué hacer. Y cuando les dicen que innovar se asustan y le dicen al hijo que aprenda inglés.
Mientras no salga alguien y diga que esto está tan mal que tenemos que reinventarnos nadie va a dejar de pensar como en el siglo de Oro. ¡Que inventen ellos! ¿Se han planteado en la Moncloa que a lo mejor las encuestas de estos días cambiarían si Zapatero saliera a pedirle al personal que hay que apretarse el cinturón? Eso es innovación, da pereza y es un riesgo que no avala el banco.
Viernes, 27 de noviembre
Antonio Javier Vicente Gil
JUAN JULIO ALFAYA
Pedro Fernández Barbadillo
Juan Luis Calbarro
Juan Fernandez Krohn
Avelino Vallina
Silvia Carreño
José Luis Palomera Ruiz
Francisco Rubiales
Vicente A. C. M.