Desde que hace cuatrocientos años los cristianos expulsaron a los moros que la ahora llamada Comunidad Valenciana no ha vuelto a recuperar el impulso de una sociedad civil articulada. Durante años todos hemos cantado las excelencias de una sociedad civil que al final solo eran las bandas de música, las filás de moros y cristianos, las fallas o la asociación de paranyeros (caza del tordo). Cuando ahora llega la catarsis, esa sociedad civil está desaparecida. Solo existe la clase política y no se muy bien para qué.
El que fue presidente de la Generalitat, Joan Lerma, decía que no teníamos porque tener una sociedad vertebrada, “porque hay muchos animales invertebrados que sobreviven perfectamente frente a las adversidades.” Pero de ahí al patético espectáculo de estos días lo más que queda hay un largo tramo que obliga a añorar la historia que perdimos hace cuatrocientos años.
En Castellón la sociedad civil que constituían constructores, azulejeros, empresarios de turismo y agricultores de ringo rango se ha diluido. Desde cuando José Soriano y otros de su talante decidieron fundar AZUVI y luego PORCELANOSA, a partir de una helada en los naranjos, ha pasado mucho tiempo y todos han perdido empuje. Entonces (hace solo cincuenta años) todos estuvieron de acuerdo en hacer frente al cambio de paradigma. Naranjas por azulejos. Ahora los herederos de todos aquellos empresarios no saben encontrar otro camino que ir a llorarle al vicepresidente del Consell, Vicente Rambla, para que les facilite créditos para continuar con un negocio que necesita una gran reconversión.
En Valencia esa sociedad civil anda en disputas para ver si salen al día siguiente en algún documento filtrado en momento y hora que demuestra la financiación de algún partido. Porque ahora han salido los que contrataban con el PP, pero mañana empezarán a salir los que hacían doblete o ganaban plataformas empresariales con el apoyo de la oposición política. ¿Reconstruyendo la economía? ¡Quia! Jugando al Monopoly. Ahí está la guerra por la Cámara de Comercio entre Morata (Juan Roig), Boluda y el actual presidente, el díscolo Arturo Virosque. ¿Hay alguien dedicado a pensar cómo salir de la crisis? Ya no escuchan ni a Bruno Broseta. Se ha decretado el sálvese quien pueda.
Y en Alicante la sociedad civil mira a Murcia. No se engañen, Lo importante de estos días no es la moción de censura de unos tránsfugas de Benidorm para darle el poder a la familia Pajín. Lo importante es el pacto que se fragua entre la CAM y Caja Murcia. Treinta años después vuelve el eje del poder a una caja del sudeste que acabará de romper la sociedad civil valenciana en dos. En el momento que Modesto Crespo (CAM) acepte que Carlos Egea (Cajamurcia) sea el presidente de la fusión, se acabó la relación civil provincial más allá de Finestrat. Y todo decidido con el visto bueno político. ¿Dónde está la sociedad civil que debe reclamar la función inversora de las cajas?
Sábado, 18 de febrero
Avelino Vallina
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Raúl González Zorrilla
Vicente A. C. M.
Antonio Javier Vicente Gil
Pedro Fernández Barbadillo
Cesar Sinde
Toni García Arias
Juan Fernandez Krohn
José Pómez
Francisco Rubiales