Otra vez ha tenido que venir un inglés y escribir una novela en la que demuestre que en España, en este caso en la Comunidad Valenciana, Castellón, es posible otro turismo más allá del sol, la playa, Marina d’ Or, los parques de atracciones y los campos de golf. Jason Webster toma de referencia el pico de Penyagolosa para escribir “La montaña sagrada” y demuestra que el mejor parque temático del mediterráneo está a diez kilómetros de la orilla del mar o del mayor campo de golf y el mejor resort.
El “pare” (padre) Penyagolosa ha sido siempre una referencia esotérica que equilibra en el norte la agresividad del pico de Aitana en Alicante o los bosques de Cofrentes en Valencia. Pero como ha ocurrido desde las migraciones de los pueblos del interior hacia la costa, allá quedaron olvidadas las montañas. Hace solo cuatro décadas el heredero se quedaba con los campos de almendras y olivos y a las hijas y hermanos pequeños el padre dejaba unos campos golfos al lado del mar. El miedo al mar y a los piratas se perpetuó durante siglos.
Luego ha resultado que los desheredados consiguieron vender las vides para solares o naranjos y los hijos de los hijos mayores bajaron hacia el mar a buscar el sustento. Webster descubre que ese mundo del interior es mucho más interesante turísticamente que la costa amurallada, a la que no debemos despreciar porque ha cumplido su función. En Inglaterra su novela ya es un best seller.
Pero ahora hay una superoferta en la costa y el interior de Castellón y la Comunidad Valenciana es un paraíso inexplorado. ¿Por qué no hacer de ese interior el gran parque temático en lugar de invertir millones en campos de golf que ya nunca tendrán retorno? Por lo mismo que ha venido el catalán Falcones a recordar con su novela exitosa novela “La mano de Fátima” que hace solo cuatro siglos todos esos pueblos eran moriscos. Aquí solo existe el metro cuadrado, al menos hasta hace seis meses.
Ian Gibson descubrió una Granada que no era solo la Alhambra. Y Labordeta los Monegros. Y en Tarragona o Girona hay cadenas de pequeños hoteles con pequeños campos de golf que hacen las delicias de franceses, ingleses y demás. Hoy la sociedad de bajo coste quiere disfrutar de la buena vida a bajo coste. Y los paisajes y actividades de cualquier tipo en el interior están amortizados solo con los cimientos de un hotel de cinco estrellas en la costa. Y no tengan duda de que la sociedad de alto coste buscará su ocio en las Barbados, no en este Mediterráneo.
El descubrimiento novelado de Webster lo adelantó hace meses un Plan Estratégico sobre el turismo hecho por la Universidad Jaume I por encargo de una asociación de pequeños empresarios del sector, en gran parte con negocios en las zonas del interior. Pero cometieron el error de cuestionar los campos de golf y las grandes urbanizaciones (que pueden o no ser necesarios, pero no en este ciclo económico) y sus conclusiones fueron condenadas al ostracismo.
Viernes, 17 de febrero
Vicente A. C. M.
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
José Pómez
Francisco Rubiales
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Antonio Javier Vicente Gil
Carlos Ruiz Miguel
Rufino Soriano Tena
Enrique Zubiaga