Personalmente me fio de Trinidad Jiménez, ministra de Sanidad, y de Angel Gabilondo, ministro de Educación. Más allá de su histórica afición a salir en la foto (¿recuerdan aquella chupa de cuero cuando se presentó como candidata a alcalde de Madrid?), me parece que Jiménez ofrece un punto de sensatez en medio de tanta locura. Y lo mismo Angel Gabilondo, que es mi debilidad, cuando apuesta por mantener los colegios abiertos pese a tanta psicosis con la Gripe A.
Incluso me parecen más serios que tanta historia como circula entre el PP sobre si hay que vacunar hasta el portero de la Selección Nacional, porque es grupo de riesgo por tropezar con sus contrarios. Y qué decir de las barbaridades que dicen en Internet. Desde quienes acusan a Roche de fomentar la pandemia para vender el Tamiflu a quienes generan la vuelta al determinismo mortal para quienes lo pillen. ¿Pues no hay ya quienes quieren que sus hijos se alimenten solo de espiritualidad para que no caigan en unas fiebres traídas por el pecado?
El problema está en que aunque me fie de Jiménez y Gabilondo no me fio un pelo de la política que representan. ¿Si hay una concesión gratuita al poder autonómico por quítame allá unos votos en los Presupuestos Generales del Estado, cómo van a mantener un planteamiento único con la Pandemia? ¿Sus decisiones sirven igual en Murcia que en Burriana o Benidorm? En Navarra pueden ser muy exigentes en las medidas preventivas. Pero en Tarragona puede tomar la decisión contraria por aquello de que las decide Carod Rovira o el Montilla de turno. Está pasando con la crisis y el paro, ¿cómo no va a pasar con la Gripe A?
A Gabilondo no le gusta Educación para la Ciudadanía, pero la política le lleva a aceptarlo. ¿Me puedo fiar de él para decidir qué hago con mi hija?
Sábado, 18 de febrero
Raúl González Zorrilla
Vicente A. C. M.
Antonio Javier Vicente Gil
Pedro Fernández Barbadillo
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Cesar Sinde
Toni García Arias
Juan Fernandez Krohn
José Pómez
Francisco Rubiales
Carlos Ruiz Miguel