Empeñados en salir en la foto, la ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, y sus consejeros del ramo en todas las autonomías y de todos los colores, están retransmitiendo en directo el fallecimiento de 8.000 muertos por efectos de la Gripe A. Es el primer resultado perverso de una pandemia gestionada por una clase política que solo está preparada para salir en la tele y no para enfrentarse a una crisis (económica o sanitaria).
Con una frescura sorprendente anuncian los 8.000 muertos a base de ruedas de prensa, con la consiguiente multiplicación de panes y peces que de forma inmediata harán los llamados medios de comunicación, que necesitan muertos como sea para superar la caída de ventas y audiencias. Pero a los que vamos a morir ni nos saludan.
La gestión de una crisis de estas características, dando por cierto la gravedad que anuncian, no es solo una cosa mediática. Es la decisión de asumir urgentemente medidas preventivas entre la población con alto riesgo de contraer la enfermedad.
¿Han avisado ya a ancianos, enfermos de pulmón o propensos a contraer la Gripe A? ¿No tienen las consejerías del ramo unos historiales informatizados de cada usuario de la sanidad pública? Llegan incluso a hablar de que empresarios y sindicatos pactarán programas en los centros laborales: el colmo de la autogestión de la muerte. Pero a los potenciales enfermos que los parta un rayo. ¿Espero sentado a que me entre el H1N1?
Anunciar por televisión que habrá 8.000 muertos y esperar a septiembre para publicar las esquelas es un esperpento tan alucinante como el de negar la crisis económica. A lo mejor valdría aliviar el sufrimiento en la espera de la muerte y abordar personalmente a los grupos de riesgo. Pero esa una tarea racional que a lo mejor no tiene morbo para salir en la tele.
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Viernes, 27 de noviembre
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