Andan los economistas apostando si la caída del turismo este año será del diez o del veinte por ciento. Y, por supuesto, los políticos de turno, especialmente los afectados en la Comunidad Valenciana, Murcia, Andalucía y Baleares dicen que la cosa no va con ellos. La ministra del ramo (¿hay ramo del turismo?) dice que la retracción de la demanda es por culpa de la crisis. Y la oposición militante anuncia el fin del modelo de sol y playa. Y más bien creo que el turismo tradicional se acaba porque se acaba la clase media.
Lo dicen muy claramente Masismo Gaggi y Edoardo Narduzzi cuando pronostican en “El fin de la clase media y el nacimiento de la sociedad de bajo coste” un nuevo modelo de relaciones sociales, comerciales y económicas, cuando no políticas e institucionales. Pero la clave de la caída de las masas de turistas está en la caída de la clase media. Da lo mismo el sol, la playa, las pizzas, el ahorro o el golf. Lo que ha caído es la clase media que en los últimos años ha comprado apartamentos, llenado hoteles, cruceros y gastado en bogavante en Ibiza o en el chiringuito de Marina D´or. Había clase media de lujo y de clase turista, pero de ahí venía el fondo de reserva.
Ahora la mayor parte de la población admite que sus ingresos no pasan de 24.000 € al año. Los sueldos medios son mileuristas hasta para los mayores de cuarenta años. Y el low cost ya no va solo dirigido a los jóvenes que se montan un viaje de fin de semana a Londres. Sirve hasta para los colegios de pago. La capacidad de consumo que generó el Estado del Bienestar, al asegurar los mínimos y permitir gastar en placer, ha sufrido un cambio de orientación. Y eso supone nuevos valores sociológicos, hasta en el concepto del turismo como ocupación del tiempo libre. Al fin y al cabo el modelo “Rodríguez”, en el que el padre de familia no tenía vacaciones, no está tan lejano en la historia de España.
Durante generaciones desaparecerá el ansia por ser propietario de un apartamento en la playa. La propiedad es un contravalor y por lo tanto pierde el precio. Varía el concepto de propiedad y el de ostentación. Hasta da cierta vergüenza cogerse vacaciones en medio de la crisis. Se agudiza el sentido de la responsabilidad individual. Pese a lo que dicen los sindicatos, hay más gente dispuesta a bajarse los sueldos por mantener su puesto de trabajo que a hacer una huelga por mantener el incremento salarial marcado en el convenio colectivo.
Florece una nueva clase social, mucho más amplia, con nuevos modelos de consumo y para quienes habrá que pensar una oferta turística que no es ni golf ni Benidorm. El primero que acierte se lleva la medalla de oro. Y el que no llenará los apartamentos de sol y arena.
Viernes, 27 de noviembre
Jesús Montesinos
Antonio Javier Vicente Gil
JUAN JULIO ALFAYA
Pedro Fernández Barbadillo
Juan Luis Calbarro
Juan Fernandez Krohn
Avelino Vallina
Silvia Carreño
José Luis Palomera Ruiz
Francisco Rubiales