El anuncio de Carmen Chacón en Kosobo no es fruto de la casualidad. No hay error estratégico; hay un fallo táctico. Al Gobierno de España y de Zapatero le importa una higa la reacción internacional frente a una declaración realizada para el consumo político interno. El anuncio de salir de Kosobo de prisa y por piernas no corresponde al mantenimiento de una postura coherente con el no reconocimiento de aquel estado. Responde simplemente a la tentación autárquica que encabeza el presidente del Gobierno y que como define la misma palabra alcanza su paroxismo en los criterios contra la crisis adoptados desde el propio Gobierno.
Solos estamos mejor que bien acompañados, sueñan en la Moncloa. A Rodríguez Zapatero no le interesan las estrategias contra la crisis adaptada por otros países vecinos, la Unión Europea o un Premio Nobel socialdemócrata. Le interesa solo el mantenimiento de posturas que permiten desfilar por la pasarela. Si han rectificado con lo de Kosobo es porque la semana próxima o la otra quiere hacerse una foto con Obama.
Es una apuesta política de gran magnitud que no sabemos a dónde nos llegará. Zapatero y el PSOE saben que los españoles tienen una tendencia histórica a encerrarse sobre si mismos cuando sufren una crisis. Políticamente siempre es un buen recurso echar los balones más allá de los Pirineos. Les ha funcionado bien a todos los políticos desde los Reyes Católicos y solo Felipe González se atrevió a lo contrario con la apuesta sobre la OTAN. Como Azaña en la República, González tuvo claro que solo abriendo las ventanas saldríamos del atraso histórico.
Pero Zapatero vuelve a a la autarquía a pasos agigantados. Por eso no hizo caso a las recomendaciones que le hizo el Premio Nobel, el socialdemócrata Kraugman, en su reciente visita a Madrid, y le resbalan hasta las propuestas que mantiene la Unión Europea o el comisario socialista Joaquín Almunia, sobre la necesidad de primar la competitividad y la economía productiva para beneficiarnos del tirón de otros mercados que saldrán de la crisis antes que nosotros. La tentación proteccionista de Miguel Sebastian no es ajena a la estrategia autárquica.
Zapatero juega a la fibra sensible del español y echa los balones más allá de los Pirineos: nosotros somos de puta madre y la crisis nos viene de fuera. Eso no soluciona la crisis ni ahora ni dentro de diez años, pero da votos. Y en esas estamos con el Plan E, los créditos del ICO que no alcanzan ni al dos por ciento de las empresas necesitadas o el gasto en prestaciones improductivas. Si pudiera Zapatero nos sacaba del Euro para poder hacer una devaluación en toda regla, que es la mejor arma de una economía autárquica que compite con la moneda y no con sus productos. Tampoco es que sea una cosa solo de Rodríguez Zapatero. En esas está el propio Mariano Rajoy, que no se atreve a declinar propuestas de futuro por si acaso pierde la comba del tradicionalismo autárquico español. Y así cada uno de los presidentes autonómicos, que repiten el discurso en cada taifa.
Por eso lo de Kosobo solo es la traducción a un escenario internacional de una apuesta interna. Solo que Chacón se equivocó tácticamente en el modo y el tiempo, quizá demasiado precipitada por ocupar el espacio en la sucesión de Zapatero. Su marido y asesor, Miguel Barroso, erró esta vez el cálculo. Y esto le costará a Zapatero un fuerte disgusto y una bajada de pantalones porque necesita la foto con Obama para poder resucitar con propuestas económicas aparentes coincidiendo con la Semana Santa. Pero autarquía es la estrategia.
Viernes, 17 de febrero
Francisco Rubiales
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Antonio Javier Vicente Gil
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel
Pedro Fernández Barbadillo
Rufino Soriano Tena
Enrique Zubiaga
Vicente A. C. M.
Raúl González Zorrilla