La Comunidad Valenciana registra unos índices de paro como nunca había ocurrido. Y lo que es peor: la creación de empleo está por los suelos, otro elemento enormemente grave. En otros tiempos subía el desempleo en unos sectores, pero otros ofrecían puestos de trabajo. Ahora todos están en caída libre. Por eso la conclusión es clara: la estructura productiva está rota, ha desaparecido del mapa económico. Los pilares de la economía valenciana han caído como el imperio romano y no hay otros para sustituirlos. Por eso avanza el paro y no se crea empleo.
Ni la construcción, ni el juguete, ni el calzado, ni el textil, ni el azulejo, ni el metal, ni la industria de transformación tiene vigencia. Están agotadas por los múltiples efectos de la crisis y no resucitarán por mucho que nos empeñemos en negar la mayor a ver si así aguantamos unos meses más. El histórico tejido productivo valenciano ha desaparecido, como en su momentos desaparecieron los tomates de Alicante, el arroz en Valencia y o el canyem en Castellón. Son historia.
Por eso frente a esta situación es más grave escuchar permanente a los políticos de turno hablar de planes de competitividad del sector del calzado, de los plásticos, del juguete o del azulejo. ¿De qué sectores me habla usted? Es natural que cada empresario intente aguantar lo mejor posible el tsunami mientras encuentra otro nicho de negocio. Al fin de cuentas esta es una tierra de emprendedores. Hasta es explicable que los sindicatos se regocijen hablando de defensa de los puestos de trabajo en fábricas y empresas que no vende ni un real. Y si me apuran entiendo que el alcalde de Onda, Enrique Navarro, o el de Alcora, Javier Peris, anden en romería a Madrid a ver si consiguen unos euros para sacar adelante unas fábricas. Les acen las lágrimas viendo los polígonos industriales fantasmas donde antes vendían oro. Pero todo es dinamita para los pollos.
Todos estos señores, con la Generalitat a la cabeza, deben ponerse a pensar a qué nos vamos a dedicar a partir de ahora. ¿Turismo? Pues vale, pero será de otra manera a como ha sido hasta ahora. ¿Viviendas? De acuerdo. Pero habrá que venderlas por servicios y no por metros. Aunque mucho me temo que hay una defensa numantina de los cadáveres, bien sea por miedo, por cobardía o por comodidad, empezando por los políticos blancos o negros y continuando por otros muchos dirigentes sociales. Esta siempre ha sido una tierra de emprendedores, que ha cambiado el registro cuando las cosas venían mal dadas. Solo hay que repasar los últimos cien años. Pero ahora hay como una especie de armazón de acero que impide desemperezarse.
Jueves, 31 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
José Pómez