La columna

Crisis mediática por fin de negocio

27.02.09 | 17:12. Archivado en Comunicación
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Esta semana que termina ha levantado las faldas de todos los tópicos mediáticos mantenidos durante los últimos años en este país bajo el paraguas de la libertad de expresión, la independencia periodística y un sin fin de liturgias que solo tienen un objetivo: poder, vanidad y dinero. La avaricia no solo ha traído la explosión de las burbujas inmobiliarias y financieras, sino también la de la empresa periodística y sus míticos empleados, sobre todo en la prensa escrita. Los jueces ya dieron hace quince días su paso hacia la proletarización. Y el mismo camino han iniciado los periodistas. Por fin será posible la democracia sin tutelajes.

Porque en un tiempo de cambio exponencial aquí se han mantenido un sistema productivo ineficaz, unos soportes publicitarios sin capacidad para generar ventas y negocios y unos principios éticos como barricada para defender los negocios más corruptos. Y hablo con pleno conocimiento de causa. Si pones publicidad eres amigo y si no pones a la picota. E igual con los principios ideológicos de los medios. Todos los principios están en función de la cuota de poder que comparte el medio con el político que defiende. Lo peor es que nadie quiere reconocer esa vinculación en aras de una supuesta independencia. Le Monde no tiene vergüenza ajena por reconocerse socialista. En España el único que se reconoce algo es el ABC cuando se dice monárquico. Todos los demás medios no quieren paraguas porque aspiran a representar el Movimiento como ideología total. Todos están en posesión de la verdad. Herencias del franquismo en el baluarte demócrata.

Pero la crisis limpia la atmósfera. Ya he dicho que sin crisis no hay paraíso. Por eso la crisis está demostrando muchas cosas en el mundo mediático. Primero que la publicidad en los medios escritos era una burbuja. Los porcentajes de caída en 2008 van a acentuarse en 2009. Primero por los efectos lógicos de la caída de la inversión, pero sobre todo porque los anunciantes buscan la máxima rentabilidad a cada Euro que gastan. Por eso crece geométricamente la inversión en todos los soportes digitales y cae en los otros. La inversión busca su público objetivo. No busca el volumen de impactos, sino dirigir su mensaje a los potenciales clientes. La publicidad ha perdido la confianza en los soportes escritos y ya no la recuperará aunque vuelva la alegría a los mercados. Por eso al final solo quedarán los diarios que realmente tengan vocación de cumplir un papel en el siglo XXI. Los demás están en crisis por fin del negocio.

Pero la crisis afecta también al modelo empresarial. Los medios de comunicación, especialmente los escritos, tienen modelos de gestión de la era industrial. Ya no es la mayor o menor capacidad del papel como soporte cultural frente a la pantalla, que ese es otro debate. Es el proceso productivo que roza los diseños empresariales de los cincuenta. Y aquí intervienen las empresas que no acaban de encontrar un sistema productivo competente que no orille la creatividad del oficio. Pero también la incapacidad de los periodistas por adaptarse a los cambios exponenciales en principios como la propiedad intelectual.

En la era industrial las ideas eran un bien escaso y había que patentarlas; tenían propietario. La era digital es abundante en ideas y la socialización de la información las multiplica por encima de las grandes individualidades. (vale con ver una nube de Tags). Lo que vale es el conocimiento colectivo, horizontal. Por eso en El País.com tienen dificultades para adaptarse al cambio exponencial a partir de la negativa de sus periodistas a compartir su información con otros. Y peor ocurre en la prensa regional y local, donde la crisis deja moribundas empresas periodísticas que consiguieron un buen posicionamiento en los últimos años. No han sabido adaptarse a la demanda del mercado publicitario y de los nuevos lectores.

Esa productividad industrial es la que provoca el derrumbe de los periódicos clásicos porque es más barato hacerlos con becarios, en la India o en un apartamento en la playa que en una redacción al uso en Madrid, Barcelona o una capital de provincias. ¿Para qué pagar unos costes que no tienen retorno con el producto ni por otros caminos? Todas las empresas están adaptándose al sistema de producción digital, hasta las anticuadas cadenas de fabricación de automóviles que han anulado los stoks de material. Las empresas periodísticas entienden que esa adaptación solo consiste en poner ordenadores en las redacciones.

Las infinitas soluciones de la economía digital son ignoradas hasta para hacer la distribución de los diarios, que siguen pasando por los quiosqueros. Por ejemplo: los periódicos gratuitos tienen un largo recorrido si cambian su sistema de producción y rentabilizan la distribución con otros productos. Pero al intentar copiar contenidos, continente y producción de los periódicos de pago han perdido la partida, porque la publicidad también los abandona en beneficio de los móviles e Internet. ¿Para qué pagar un periodista a precio de oro si solo tiene productivas tres horas y hace toda su información por teléfono o recibe de terceros las oportunas filtraciones? Ya no hay contadores de historias.

Los últimos OJD demuestran que además de la publicidad los medios también son abandonados por los lectores. Lo cual lleva a una cadena de caídas en los planes de negocios de las empresas, endeudas hasta las cejas y sin cariño financiero porque han dejado de ser útiles incluso políticamente. Se les ve demasiado el rabo. Y lo peor es que las empresas y los profesionales no quieren reinventarse el negocio ni el oficio. Los blogs son denostados por los periodistas de alto copete, mientras la mayor parte de la piramidal poblacional socializa su vida a través de las redes sociales, video juegos y otros hábitos muy ajenos a los medios clásicos. Pero nadie quiere reconocer la crisis y los cambios exponenciales que comportan. Por suerte la crisis genera un mundo de oportunidades y los usuarios marcarán las nuevas tendencias mediáticas. ¿Han visto en Menéame lo que dicen miles de clientes decepcionados por las marcas blancas de Mercadona? Los grandes diarios y los magníficos periodistas que defienden la ética como una religión todavía están por enterarse.

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por Juan Carlos 28.02.09 | 12:06

    Hasta el punto D. Jesus de que se han reunido todas las altas esferas del cotarro (todas subvencionadas, por supuesto),CEOE,ministerios, fomento del trabajo y adlateres con el prometedor Zapatero, y a lo mas que han llegado ha sido que proximamente les volverá a engañar con el ICO, eso y la foto memos que sale en la Razón (http://www.larazon.es/noticia/zapatero-promete-ampliar-la-linea-ico-y-la-ceoe-lamenta-la-falta-de-liquidez) por si quiere indignarse un poquito mas.
    Mientras tanto ayer me tube que dar de baja de autonomos, no puedo pagar los meses que debo y como debo no me dan nada, ni la baja.

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