Repaso los textos de los grandes viajeros europeos por tierras españolas ( Delbosc, Farinelli, Joly y otros cuantos) y me sorprende que unos y otros citan Burriana, Borriol y hasta Sant Mateu, pero en muy casos citan la ciudad de Castellón. Como mucho alguno hace posada en esta ciudad y sigue camino “porque no hay nada importante que resaltar”.
Han pasado varios siglos y casi podríamos decir lo mismo. Teruel, al menos, hizo su campaña para demostrar que existía. Nosotros hemos asumido un papel desdibujado en el escenario de la Comunidad Valenciana. ¿Por qué este conformismo en la nada?
A principios del siglo XX la burguesía castellonense tomó las riendas de esta nebulosa e impulsó el teatro Principal, la Plaza de Toros y hasta el puerto. Y luego todo volvió a caer en la habitual diáspora. Hace un par de años el alcalde Alberto Fabra diseñó una ciudad que ponía Castellón en el Siglo XXI, pero entre cuitas políticas y crisis económicas todo ha vuelto a la noche de los tiempos.
Castellón se enfrenta a una necesaria regeneración que abarca todos los campos; no solo los derivados de mejores o peores calles, espectáculos o polígonos industriales. Tal como viene la crisis hay que inventarse la ciudad de nuevo, porque habrá que inventarse hasta el devenir de sus habitantes. ¿A qué nos vamos a dedicar los próximos veinte años? ¿Para qué estudiarán nuestros hijos? ¿Conexiones ferroviarias, carreteras o digitales?
Hay mucho por definir y una vez más los grupos políticos y empresariales dominantes se han encelado en más de lo mismo: proyectos urbanísticos, promesas atrasadas y edificios referenciales. Así que para el próximo viaje los viajeros europeos volverán a pasar de largo porque aquí no hay nada importante que resaltar. Una regeneración para estar en el mapa.
Jueves, 31 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
José Pómez