A uno le pueden gustar las medidas anticrisis que toma Obama, Merkel, Sarkozy, Brown o incluso le puede parecer bien lo que dice el ministro socialdemócrata alemán de que todo esto es pan para hoy y hambre para mañana. Y hasta le pueden parecer correctas las ochenta decisiones que ha tomado el Gobierno de España y de Zapatero, incluido el Plan de Viviendas aprobado en el Consejo de Ministros de hoy, día 12. Pero lo que no puede hacer es pasarse por el forro lo que dice el Fondo Monetario Internacional respecto a la economía española solo porque no me gusta lo que dice. Y eso es precisamente lo que hace el presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, cuando no reconoce la gravedad de la situación económica española que plantean los expertos del FMI.
El Fondo dice cuatro cosas muy sabrosas. Primera, que si no mejoramos nuestra competitividad no vamos a exportar ni el sol que lo tenemos de gratis total. Que si no cambiamos nuestra legislación laboral habrá millones de parados mientras los empleados cobran un buen sueldo indiciado al IPC. Tercero, que olvidemos eso de las viviendas de protección oficial porque lo único que hacen es aumentar el inventario de casas en venta y obligar a bajar más los precios y paralizar las medias de construcción de viviendas para los próximos veinte años. Y cuarto, que hagamos lo que acabamos nuestra crisis es en L y no en U, por lo cual nos debemos disponer a pasar unos cuantos años terroríficos, incluso con los cambios estructurales que exige la situación y ellos aconsejan.
Pero como al presidente Zapatero este discurso no le gusta la cuestión es negar la mayor. El jueves mismo llegó a decir delante de un nutrido grupo de empresarios que como todos se habían equivocado negando la crisis ahora también van a equivocarse anunciando su gravedad y duración. Y la negación de la mayor sirvió para decir claramente que el Gobierno lo hacía bien y el Fondo Monetario estaba equivocado. Evidente relación causa efecto. Como ellos están equivocados no tenemos porque ser más competitivos, ni cambiar las reglas laborales ni, por supuesto, dejar el discurso demagógico de las viviendas de protección oficial. Saldremos de la crisis en unos días. Casi para el 28 de diciembre.
Y ahí es donde arraiga la gravedad de nuestra crisis respecto a la que viven incluso en Grecia, donde con más manifestaciones y algaradas tienen la mitad de los parados nominales que España. Como nadie quiere reconocer la realidad, nadie puede explicársela a los españoles, que acaban desconfiando de todo aquel que manda algo. Eso lo dice hasta Felipe González, que esta semana le metió un varapalo a su presidente Zapatero por no querer dar la cara. Pero claro, Zapatero no quiere líos con los sindicatos, ni cambiar los sistemas productivos que han provocado el fondo de la crisis española, ni dejar de lado eso de las VPO. Meterse en esas zarandajas quita votos. Y aquí lo importante no es salir de la crisis sino ganar las elecciones.
Sábado, 18 de febrero
Manuel Molares do Val
Raúl González Zorrilla
Vicente A. C. M.
Antonio Javier Vicente Gil
Pedro Fernández Barbadillo
Vicente Torres
Cesar Sinde
Toni García Arias
Juan Fernandez Krohn
José Pómez
Francisco Rubiales
Carlos Ruiz Miguel