Mientras la crisis avanza incluso en este puente desabrido y con olor a naftalina, me quede expectante ante lo que ocurre en el fútbol español. No porque me interese una higa quién gana o quién pierde, sino porque como en los años del imperio es el fútbol donde se encuentra el alma de los pueblos. Ahí tienen el Madrid del establiment que avanza renqueando hacia la victoria final, frente a un Barça hijo de los telares que forjaron la potente burguesía catalana y orillados por un Valencia a caballo entre la imaginación mediterránea y el típico pelotazo urbanístico.
Hasta el Bilbao representa la pérdida de las esencias vascas. ¡Lo que darían por liberarse de la carga étnica y poder contratar a Villa! Y por el resto del mapa es tal cual la caída del imperio romano: nadie puede pagar la hipoteca pero se toma unos cubatas en Andorra. No se paga por jugar el fútbol sino para que no gane el otro. Tal cual la política patria. No se toman medidas para aliviar la situación económica, sino para mantener cuotas de poder cortoplacistas.
Hasta el Villarreal o el Getafe, tan atípicos ellos, son el alma de sus patrones. Emprendedores, alcanzan su cénit cuando crean el invento y padecen cuando deben gestionarlo. Saben ganar, pero no saben perder. Si pierden se esfuman porque todos dejan de creer en ellos, como las hadas.
Pero la fotografía del alma es la que representan Real Madrid, Barcelona y Valencia. Como he dicho antes, el Madrid es la más pura representación del estábliment al uso en estos momentos de crisis. Eran, fueron, tuvieron, pero ya no son ni tienen, aunque lo quieran demostrar. Entonces se rasgan las vestiduras y anuncian su capitulación (Schuster) frente a las tropas rebeles. La guerra de los Cien Años. Es la cultura judeocristiana ante la crisis.
Y enfrente los calvinistas de Pepe Guardioa (ya ni siquiera son del presidente Laporta) trabajan y trabajan para destrozar el tópico de que un rico trabajando pasa por el punto del penalty. Es el alma de la innovación frente a la parálisis de la crisis. Por eso le metieron cuatro al Valencia, que anda sofocado entre la quiebra técnica, el recurso mediático a la patria chica frente a las cajas y la necesidad de vender activos (Villa, Silva…) para mantener el negocio inmobiliario, no para jugar al fútbol. Es el alma valenciana tal como está ahora, representada por Vicente Soriano que nadie sabe de dónde viene o a dónde va, más allá de actuar como promotor inmobiliario del viejo Mestalla. Entre judeo-cristianos y calvinistas, el Valencia es almozárabe.
Viernes, 17 de febrero
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Cesar Sinde
Toni García Arias
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
José Pómez
Francisco Rubiales
Antonio Javier Vicente Gil
Carlos Ruiz Miguel