Cuando Trichet anunció ayer que el Banco Central Europeo bajaba los tipos de interés algunos políticos respiraron. Algo hará esto, aunque llegue tarde, mal y nunca. Pero todos los analistas coinciden en destacar que servirá para poco porque tardará en llegar al Euribo y no dinamizará el consumo y porque los bancos y cajas continúan con el grifo cerrado. Bueno: tienen una parte de razón. Como que los dineros para los ayuntamientos no generarán más empleos que parados en los mismos meses. Una parte de razón porque esta crisis ya no es solo financiera, real o municipal. Es una crisis de confianza. Nadie se fía de nadie.
Hace meses que lo digo yo y lo dicen miles de personas. Miedo y desconfianza se aúnan hasta el extremo de que los sastres que toman medidas ya no saben por donde salir. Inyectan miles de millones euros, anuncian docenas de medidas, pero la gente desconfía y los inversores guardan dinero e ideas debajo de una baldosa. Los bancos se miran con recelo. Las empresas no se agrupan para compartir riesgos. Y yo no le presto dinero para la hipoteca ni a mi cuñado.
Hay desconfianza principalmente a la capacidad del liderazgo de quienes nos deben sacar de la crisis. Obama enamoró a los americanos y medio mundo para ganar las elecciones. Pero ahora se ha rodeado de los mejores cerebros de su país, tengan el color y las ideas que tengan, para sacar Estados Unidos del bache. Aquí desde Zapatero hasta la oposición pasado por las empresas líderes eligen a los salvadores en función de fidelidades, aduladores y complicidades. Ya lo he dicho alguna vez: ¿usted contrataría a Solbes de contable? ¿Y al propio Zapatero de consejero delegado? Por eso los americanos verán antes la luz y nosotros caemos en la más profunda oscuridad.
Pero los españoles tenemos una profunda desconfianza a que nos pueda salvar el mismo sistema que nos ha permitido comer gambas durante los últimos años. Todos queremos que nos hagan un plan de rescate a la medida, para así mantener los niveles de ineficacia, corrupción y especulación al uso. Plan de rescate en el automóvil, pero nadie habla del absentismo laboral en el sector o de los parados que siguen trabajando en la misma empresa cobrando del INEM. Todo el mundo habla de inversión pública, sin valorar la escasa productividad de todas las empresas que viven del dinero público. Ahora nadie quiere a gastar su poco dinero si no le atienden en condiciones. El dinero vale mucho. ¿Le apetece entrar en un restaurante y que le tiren el café en los pantalones porque el camarero no tiene ni idea?
Hay desconfianza en la capacidad de los líderes sociales, políticos y empresariales para que actúen de locomotora. Tienen ideas perezosas en lugar de ideas fuertes. Pero aún hay más desconfianza en la capacidad del sistema para autoregerarse. ¿Quien confía en un sistema que quiere seguir construyendo viviendas (me da lo mismo libres que VPO ) cuando hay millones de ellas vacías? La confianza volverá simplemente cuando se asuma lo que es una crisis (cambio y oportunidad).
Sábado, 18 de febrero
Manuel Molares do Val
Raúl González Zorrilla
Vicente A. C. M.
Antonio Javier Vicente Gil
Pedro Fernández Barbadillo
Vicente Torres
Cesar Sinde
Toni García Arias
Juan Fernandez Krohn
José Pómez
Francisco Rubiales
Carlos Ruiz Miguel