Ceno con unos amigos en el “Enópata” de Valencia donde dan bien de comer y mejor de beber. Y mientras nos sacrificamos con unos vinos de Ribera del Duero el tema de conversación es la crisis y las enésimas medidas anunciadas por Zapatero en la sesión de Cortes de este jueves.
En la mesa de al lado otros hablan de lo mismo. Y en la de más allá algunos se chillan desde posiciones adversas: “¡es que no puede hacer más porque la crisis no es para tanto!” En otra mesa unos se levantan a ver si hay pobres en la calle durmiendo en un cajero.
Volvemos a darle vueltas a lo anunciado por Zapatero y a la consabida crisis. Esta vez ya hay un champagne (que no cava) como intermediario en la mesa. Uno de los amigos, muy crítico él, denuncia que Zapatero ha puesto en marcha una máquina de ganar elecciones con una sastrería para hacer medidas. “Solo tendrán empleo y dinero los votantes y ayuntamientos del PSOE. Los otros a pasar hambre”, declara orgulloso de su descubrimiento. Otro amigo, que va por la segunda copa de Mumm, llega más allá y anuncia que con ese dinero para inversiones solo se crearán trescientos mil empleos, que son menos que los parados de cada trimestre. Lo debe haber leído en algún confidencial de la red porque luego lo dicen en una tele del PP. Y al final interviene el filosocialista que declama victorioso que en un par de meses todo resuelto. “Cuando Obama mande todo arreglado. La crisis es de EE.UU. Nosotros ya hicimos los deberes.”
Y me asalta una duda cartesiana: ¿No será que eso de la crisis nos lo hemos inventado unos cuantos y por eso Zapatero solo ajusta lo mínimo? ¿Entonces por qué la gente se pasa el día hablando de eso? ¿O por qué Hábitat presenta suspensión de pagos? ¿O por qué todos tiemblan ante el resigo de que lo hagan Sacyr o Metrovacesa? No entiendo nada. Porque si la cosa fuera tan gorda Zapatero estaría tomando decisiones trascendentes como Obama, Merkel, Brown o Sarkocy en lugar de aliviarse las próximas elecciones. Un presidente del Gobierno no juega con estas cosas que van más allá de la ambición de perpetuarse en el poder a base de disimular los sufrimientos de su pueblo, pienso demagógicamente.
Salgo a la calle y sigo sin ver pobres en los bancos ni en el cajero. Ni siquiera en la puerta de la catedral, próxima al restaurante. Concluyo entonces que esto de la gravedad de la crisis nos la hemos inventado unos cuantos porque Zapatero tiene su plan y aliviará lo poco que nos afecta a los españoles los graves errores de Busch y los Estados Unidos. Y pido otra botella de champagne porque no hay de qué preocuparse.
Viernes, 17 de febrero
Vicente A. C. M.
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
José Pómez
Francisco Rubiales
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Antonio Javier Vicente Gil
Carlos Ruiz Miguel
Rufino Soriano Tena
Enrique Zubiaga