Cuando el gobierno de Zapatero se enamoró de Repsol compré un centenar de acciones de la empresa energética con el ánimo de que la cosa iba a ser tan solvente que seguro me daría buenas plusvalías. Y en efecto así es. Si se confirma la llegada de Lukoi pienso ganar unos buenos euros. Pero de repente me atenaza la duda de si será patriota vender las acciones a unos rusos. Rajoy dice que no las venda, pero si no lo hago perderé mis dineros y una oportunidad de oro. Al final me salva Pepiño Blanco que es partidario del mercado libre y punto.
¡Que país de contradicciones y esperpentos! La derecha se opone a la llegada de los rusos y la izquierda les abre la puerta. Hace solo una semana Zapatero iba a convencer a todo el mundo de las ventajas intervencionistas del estado y ahora proclama el neoliberalismo con matriuscas incluidas. Eso si: entre Repsol, crucifijos varios, la separación de Felipe González y el aniversario de la Viagra ya no existe crisis. Ya solo es cosa de los americanos, que la han resuelto con la llegada de Obama. Aquí jugamos al disimulo y atamos los pelos con longanizas. Por eso las palabras más buscadas en Google no son “crisis económica” o “empleo” sino “sexo gratis”.
Pero oyendo a don José Blanco se me han quitado todas las dudas de la seriedad y entereza del Gobierno y del conjunto de dirigentes españoles. No hace falta escuchar a más gurus y sabios de la economía. Cospedal y Blanco te dan las recetas mágicas para todo. Ahora bien, me pregunto si un empresario medio de este país contrataría de contable a Pedro Solbes, de consejero delegado a Zapatero y de telefonista a Blanco. ¿Pondriamos nuestra empresita en manos de estos señores que manejan miles de millones de euros gracias a unas elecciones? Pues pienso que nadie haría la apuesta.
Eso marca porque yo quiero vender mis acciones de Repsol a los rusos o a quién me apetezca y pague por ellas. No me fío. Y la cuestión ahora más que nunca es de confianza. Por eso no pueden aplicar las anunciadas y nunca vistas medidas reactivadoras: porque saben que el mercado no se fía y pueden hacer el ridículo. La regeneración que demanda el ciudadano tiene poco que ver con la proclamaba Joaquín Costa, pero a ver quién inventa algo para devolver la confianza al ciudadano, porque al final ni la necesitada Lukoi querrá meterse en este país si no es para timar a alguien.
Viernes, 17 de febrero
Vicente A. C. M.
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
José Pómez
Francisco Rubiales
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Antonio Javier Vicente Gil
Carlos Ruiz Miguel
Rufino Soriano Tena
Enrique Zubiaga