Mientras Zapatero y Obama nos salvan de la crisis mundial y planetaria (nunca española) y se inventan un nuevo paradigma, las cosas de la vida siguen su trámite aunque solo las veamos de reojo. En una misma semana dos familias, una italiana y otra inglesa, han decido dar por finalizado el sufrimiento de sus hijas enfermas e interrumpir el tratamiento que les mantiene artificialmente en vida. Me pregunto si en medio de la crisis hay tiempo para valorar lo que esto significa.
La muerte de un hijo es lo peor que le puede ocurrir a una persona. Superior a la de cualquier otro miembro de la familia o amigo. Me pregunto entonces el grado de sufrimiento que deben tener los padres de Eluana Englaro, en Italia, o Hanna Jones, de 13 años, en Londres, para tener claro que es preferible que sus hijas mueran antes que continuar en las condiciones en las que mal viven.
Por eso resulta patético registrar la aparición de los samaritanos que proclaman el derecho a la vida frente a los padres que prefieren dejarlas morir antes que alargar su sufrimiento. ¿Quién puede decidir mejor que unos padres? Aún más, en el caso de Hanna incluso ella misma opta por la misma solución. Aunque tenga 13 años su cuerpo es el que sufre y ella la que ve que es que no tiene futuro en esta vida. Eluana está en coma vegetativo y ni siquiera percibe el dolor, al menos tal como lo registran los médicos.
El viejo debate de la eutanasia aparece siempre disfrazado de mil trajes, lo que permite sujetarlo a valoraciones individuales. Y es cierto que en unos casos la decisión está más justificada que en otras. E incluso en algunos casos no está ni justificada porque es solo un alarde político a favor o en contra. Pero hay otros casos que incluso juzgados desde la distancia y las referencias mediáticas es comprensible la decisión, cuando además está avalada por los padres.
Pero ya saben que estados e iglesias tienen una tendencia estúpida a sustituir a los padres en la tarea de cuidar a los hijos. Por eso pienso que además del derecho a la vida o a la muerte que puedan tener Eluana o Hanna me parece muy importante en este caso que sean los padres quienes estén dispuestos a quedarse sin hijos a cambio de que dejen de sufrir. Es el mejor ejemplo de amor. No el cariño hipócrita que los mantiene artificialmente con vida a cambio de tener la conciencia tranquila.
Jueves, 31 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
José Pómez