El sábado el correcto periódico El País publicaba un magnífico informe de Silvia Blanco explicando el cansancio ciudadano frente a lo políticamente correcto. Pero al día siguiente, el domingo, el mismo periódico se cebaba en las declaraciones de la Reina sobre los matrimonios homosexuales o sobre el aborto. Dos páginas el sábado para evidenciar las estúpidas situaciones que genera lo políticamente correcto y dos páginas el domingo para juzgar a la Reina desde una visión políticamente correcta. Esquizofrenia pura.
Pero lo mismo ocurría el domingo con las miles de páginas dedicadas en todos los medios para contar el cumpleaños de la Reina. Felicidades Majestad, pero usted se ha pasado o no ha llegado. Los colectivos de homosexuales o anti o pro abortistas no han dicho ni pruna, pero medios y políticos han asumido el papel de jurado para decidir lo que está bien o mal de lo dicho por la Reina. Unas minorías, en este caso los medios de comunicación, asumen el papel dominador de la sociedad y establecen cómo, quién y qué debe decir lo que sea. Esto ya no es solo la fijación de lo políticamente correcto. Esto es el ejercicio del poder para demostrar quién tiene el poder, publicidad al margen.
El ejemplo de las palabras de la Reina es solo una circunstancia. Pero la fórmula es recurrente. No hay debate en la calle, los colectivos blancos o verdes no se pronuncian, y de repente se establece una ofensiva mediática por la defensa de lo políticamente correcto. Los políticos de turno se suman de inmediato a la causa o al contrario y la cuestión se retroalimenta hasta que surge otra cosa correcta. No importa lo real. Importa lo correcto. Aún más, pienso que importa la demostración de poder que supone la palanca de lo correcto. El nuevo código moral y ético tiene unos jueces que son los medios de comunicación. Lo que no queda claro es quién juzga a estos medios.
La conclusión es perversa porque demuestra hasta que punto se inculcan todos los principios democráticos en nombre de la supuesta libertad de expresión. La concurrencia mediática debería haber supuesto la socialización de la comunicación. Pero está ocurriendo todo lo contrario a partir de la conversión de los medios en juez y parte de la sociedad que debería ser solo su mercado. Por eso ya he dicho muchas veces que este país no será normal hasta el día que no corra a gorrazos a jueces y periodistas, como ya hizo con curas, maestros o médicos.
Sábado, 18 de febrero
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Raúl González Zorrilla
Vicente A. C. M.
Antonio Javier Vicente Gil
Pedro Fernández Barbadillo
Cesar Sinde
Toni García Arias
Juan Fernandez Krohn
José Pómez
Francisco Rubiales
Carlos Ruiz Miguel