A estas alturas de la película está claro que la dimensión mediática y global de la crisis provoca más efectos que la propia situación económica. En un país sociológicamente estructurado como España este tipo de procesos convocan inmediatamente percepciones extremas. Por una parte la dimensión mediática provoca una desconfianza total en la capacidad política para resolver la crisis. Y por la otra la dimensión global exorciza la responsabilidad individual para convertirla en algo fruto de una conspiración mundial.
La caída del consumo, parte de la morosidad, el atasco empresarial y el pánico que se extiende horizontal y verticalmente por la sociedad es fruto de una desconfianza histórica en la capacidad de nuestros dirigentes para que nos saquen de un apuro. Hay dieciocho millones de personas trabajando y millones de funcionarios que no tienen su empleo en suerte. Sin embargo hay miedo, mucho miedo al futuro. Y eso convoca todos los demonios y en lugar de una Coca-cola esta noche me tomaré una zarzaparrilla.
Pero además no voy a arriesgarme cambiando mi vida, mi empresa, mis productos, mis procesos productivos, mi absentismo laboral o mi pobres conocimientos porque los culpables de todo son los americanos. Ahora cuando gane Obama todo resuelto. ¡Que cambien los otros! Por eso no hay apuestas por nuevos nichos de negocios, cambios en las propuestas empresariales o aprendizaje de nuevos trabajos que tengan demanda. Si los culpables son otros para qué modificar mis hábitos. Con hibernar y apretar el cinturón tengo bastante.
Con estos mimbres aún suena extraño en Andalucía o la Comunidad Valenciana que las cajas vascas empiecen a fusionarse para consolidar sus balances y hacer frente a sus deudas externas. Lo seguirán extrañando hasta cuando estén obligados a hacerlo de un día para el otro. Y lo mismo con las miles de empresas que deberían estar pensando en otro producto a fabricar. O los millones de trabajadores que siguen sin saber manejar un ordenador, por ejemplo.
Y como hay que buscar un responsable no es muy ajeno a este proceso el presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, cuando por puro posicionamiento político niega la crisis o ahora se alía con Chavez y compañía para hacerse la foto con los grandes de las finanzas. Lo de Rajoy ni vale la pena mencionarlo. Pero Zapatero ha generado la desconfianza que impide adaptarse a la dimensión real de la crisis a la vez que la exagera. Y a la vez ha mandado la solución a Wall Street. Por eso los españoles estamos a la espera de que alguien nos salve, mientras asistimos como espectadores al circo de los mediocres que nos gobiernan. ¡Me tienen harto!
Jueves, 31 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
José Pómez