La columna

La revolución digital que no llega

21.10.08 | 07:25. Archivado en Comunicación
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El gobierno francés acaba de hacer público que dedicará dos de las frecuencias analógicas de TV a dos redes nacionales de Internet de banda ancha. Si lo hace es porque quiere impulsar las TIC y porque hay demanda. ¿Qué pasa en España con todos los intentos privados o públicos por promocionar la televisión en Internet o, simplemente, por dinamizar la incorporación de las TIC? Que los intentos fracasan o van a paso de tortuga.

Lo que se ha dado en llamar la brecha digital es más evidente en España que en cualquier oto país europeo. Los más interesados no encuentran todas las respuestas en la oferta por cuestiones técnicas, precios, velocidad o contenidos de la oferta. Y los menos interesados continúan creyendo que eso es cosa del futuro cuando no del diablo: “yo tengo el móvil para llamar y para que me llamen. Lo demás son tonterías”, es una frase harto común entre potenciales usuarios de las ventajas de las TIC pero que se niegan a incorporar el instrumento digital a su vida.

Empresarialmente las empresas españolas son prediluvianas en el uso de las tecnologías. La economía digital que defiende Don Tapscott es traducida en la mayor parte de las empresas españolas como sustituir la pluma de ave y los libros de debe y haber por un ordenador. La tecnología es solo un aparato nuevo en la oficina. No hay traslación en el proceso productivo y mucho menos en el comercial. Las ferias continúan siendo como en la Edad Media y no hay oferta on-.line.

La incorporación de la pantalla a la educación, la propuesta Sisomo que defiende Kevin Roberts, aquí no pasa de poner a los niños un par de horas a aprender el teclado de un ordenador. Las pizarras digitales se utilizan solo en un par de colegios privados y el uso de la informática como base del sistema educativo es rechazada por los propios profesores, cuando los niños aprenden más matemáticas en la Nintendo que en clase. Es la brecha entre grupos sociales con un efecto perverso entre la realidad y la escuela. Por eso el fracaso escolar.

Pero curiosamente donde mayor es el atasco es en el mundo de la información. La oferta en pantalla proveniente de los medios de comunicación es tan vertical como la de papel o en las televisiones convencionales. No hay comprensión de lo que significa el proceso tecnológico. Y para qué hablar del W 2.0. Aunque en el caso mediático la fractura entre la demanda y la oferta procede de la ignorancia sobre las posibilidades del negocio y al temor a perder el control emisor de la información y, sobre todo, la cartera de la publicidad. Pero que tomen nota de lo que acaba de hacer el New York Times. Regala la publicidad en el periódico cuando pones publicidad en Internet.

Es obvio que el atasco tiene los días contados. No se le pueden poner puertas al campo, pero existe el grave riesgo de que haya dos millones de españoles que entren en todas las páginas de internet, estén conectados por Bluetooch o desarrollen plenamente la economía digital y todos los demás entiendan que el ordenador es para ver las fotos de los niños y el teléfono móvil para llamar y que te llamen. Y, además, estar orgulloso de ello.


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