La columna

La tasa de descuento de la crisis

12.10.08 | 21:36. Archivado en Economía
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Los economistas que en los países del Este soviético tuvieron que enfrentarse a las tesis oficiales que fijaban el futuro sobre la base del magnífico presente concluyeron en la necesidad de aplicar una tasa de descuento sobre los teóricos beneficios sociales y económicos adquiridos en la gloriosa etapa comunista. De ahí salió toda una teoría sobre la tasa de descuento que determina que el valor de futuro es siempre subjetivo. Si introducimos una tasa de descuento sobre lo que ahora disfrutamos dejaremos de sobrevalorar como negativos los efectos que los cambios devenidos hoy tendrán sobre el futuro. Es decir: ¿por qué tenerle miedo a la crisis? ¿Por qué el empeño y los gastos millonarios por mantener un status que solo han estado vigente los últimos veinte años?

Lo curioso es que a esta visión catastrofista y conservadora se enfrentan de la misma manera y con las mismas armas los países gobernados por partidos de derechas que de izquierdas, occidentales o asiáticos, musulmanes o cristianos, emergentes o desarrollados. Hay que conservar lo que tenemos porque es magnífico para todos y porque el futuro debe ser una prolongación del presente. ¿Qué pasa si aplicamos una tasa de descuento sobre el presente y valoramos que el futuro puede ser distinto? Hombre: lo primero es que quienes así opinamos seremos crucificados por las empresas que tienen el cajón lleno de pagarés, los pisos sin vender, el barco en el puerto sin gasolina o el calcetín a rebosar. Pero a la vista de las incógnitas sobre el futuro las tasas de descuento deben aumentar y no disminuir, como dicen una larga serie de autores de la revista World Economics.

La teoría de la tasa de descuento es igualmente aplicable sobre el cambio climático. Son el muro de Berlín del capitalismo. Si nos mantenemos rígidos sobre los efectos perversos que el desarrollo económico tiene sobre el planeta es obvio que el futuro de la humanidad no será como hoy. Pero si aplicamos una tasa social de descuento sobre ese cambio climático nos lleva a un futuro diferente pero nunca necesariamente desastroso, como dice D. Tríska en un análisis publicado en 2007 cuando trata el calentamiento global desde el punto de vista económico.

El intento de enfrentarse a la Gran Depresión con armas que pretendían continuar con el modelo que la provocó trajo consigo la II Guerra Mundial. Y luego resulta que el futuro cambió hacia el Estado del Bienestar como paradigma, lo que no se buscaba cuando se pretendió evitar el cambio que traía consigo la crisis del 29. Si la Depresión traía un cambio no valía la pena oponerse sino descontarlo. Nos hubiéramos ahorrado una guerra y millones de muertos.

Estamos juzgando la crisis y sus soluciones sobre la continuidad hacia el futuro de los valores actuales de la sociedad. ¿Será así el futuro? ¿Es así como lo quieren los ciudadanos del futuro? ¿Y si cambian los hábitos y las costumbres como todo indica? ¿Para qué tanto tornillo y tanto parche? Por eso más que inyectar dinero para mantener los sistemas bancarios ya he expresado mi opinión de que ese dinero debe ser finalista hacia las empresas o personas y que ellos encaucen sus recursos hacia donde entiendan que está el futuro. La tasa de descuento implica rebajar la importancia de los bancos y cajas y dársela a la economía real. Lo malo es que izquierda y derecha, musulmanes y cristianos, emergentes o desarrollados, todos quieren conservar lo que tienen: el poder y sus tentáculos.


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