Me encuentro con el escritor Vázquez Figueroa y me devuelve el ánimo al descubrir que hay mucha más gente harta de lo políticamente correcto, visto desde la izquierda o desde la derecha. El escritor, como el cantante Alfred Pla, dice a gritos aquello de “no quiero saber lo que piensan lo demás”, porque tiene sus ideas muy claras y no necesita ya discutirlas con nadie. Por eso en los primeros minutos de conversación ha destruido todas las teorías en defensa de las acciones correctas contra el cambio climático.
Me recuerda en parte las tesis de Václav Klaus contra las opiniones de Al Gore y el panel de científicos premiados cien veces. A Klaus, a la sazón presidente de la República Checa, lo que le molesta de verdad no es la argumentación científica de que hay un proceso de cambio climático en el planeta. Lo que le jode es toda la demagogia construida con esta excusa, que amenaza incluso a quienes disienten de las propuestas de corrección. O eres verde, muy verde, o eres un hereje. Una vez más la imposición de lo políticamente correcto como única verdad.
Por eso Vázquez Figueroa se ríe de las alternativas que alumbran las energías eólicas y solares. Siempre hace viento y sol cuando menos en energía hace falta. Y, además, con las subvenciones que reciben las empresas de este negocio no les preocupa que la energía que producen sirva para algo o de verdad alimenten casas, calles o fábricas. El negocio está en fabricar, no en que se utilice lo fabricado. Mucha razón tiene el canario, porque después hay que comprarle la energía a Francia que la hace con centrales nucleares.
Aún es más asombrosa la explicación sobre las razones de las negativas políticas españolas a valorar la energía nuclear. Una central tarde veinte años en ponerse en marcha, con lo que los políticos al uso no van a montar ninguna propuesta al respecto porque ninguno de ellos se beneficiará electoralmente de las ventajas deducibles. Al contrario: como está mal vista les meterán ahora un dedo en el ojo. Da más resultado comprar a Francia y que los gabachos metan centrales nucleares pegadas al Pirineo. Y mantener el circo de las energías alternativas que nos cuestan un riñón y sirven para poco.
Klaus no llega a tanto, pero reclama el derecho a discrepar sobre la obligatoriedad de analizar el cambio climático desde el punto de vista de Al Gore y compañía. Es entendible. Chequia o Siberia serán zonas de lujo y producción agrícola cuando se produzca un mayor deshielo en el polo. Por eso Al Gore viene a España a pedir apoyos. El Mediterráneo puede subir de nivel por el cambio climático, pero hay otras regiones del mundo que podrán alimentarse al desaparecer el hielo.
Son opiniones muy interesantes, que pueden ser ciertas científicamente o no, pero lo importante es que establecen el derecho a discrepar de lo correcto. La verdad no puede ser solo verde. Y si alguien la quiere verde debe admitir las tonalidades en el color. Lo que pasa es que la tiranía no solo procede de una dictadura. ¿Ha intentado usted discutir alguna vez con un ecologista? Son los únicos que tienen la verdad. Por eso me encanta la cultura la subjetividad.
Jueves, 31 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
José Pómez