Hay dos intenciones claras cuando se ocupa el poder. Conseguirlo para cambiar la sociedad hacia los fines comprometidos en la ideología o la propuesta electoral que se haga o alcanzar el poder para ocupar un sillón. El poder como instrumento político y el poder como ostentación y modo de vida. A la vista de lo que está pasando en España durante los últimos años ese es el gran debate y no el de Ibarretxe, el de la ministra Aido o la ansiedad mediática del PP de Rajoy. ¿Qué va a solucionar quién solo le preocupa la pirueta mediática para conquistar voluntades?
Hasta el drama del paro o la obligada inmigración (¿cuánta debe ser el hambre en Africa para que 229 personas cojan un cayuco para llegar a una Europa en crisis?) quedan en segundo plano, por cuanto el sentido democrático puede concluir en soluciones o parches para unas cosas u otras. Hasta en la votación contraria al Plan de Rescate de Busch aparece esa perversión democrática de cuidar el sillón más que la representación. ¿Cómo pueden enfrentarse a una crisis global unos señores de España o América que están pendientes de contentar a un coro local de fieles?
Dice José María Maravall en su libro “La confrontación política” que resulta intrigante que muchos aspectos de la política democrática sigan envueltos en la oscuridad. Por supuesto, como él dice, hay una gran confusión sobre qué entendemos por democracia. Una cosa es el proceso aparente y otra la operatividad del sistema. Maravall llama teoría minimalista de la democracia a la situación actual, separando elección y representación. El origen y el uso del poder. El poder como instrumento y el poder como sillón, por simplificarlo.
La mejor prueba es lo que está ocurriendo en los sucesivos congresos que celebran arriba y abajo el PSOE, el PP y hasta el PNV. La democracia en los partidos es mínima y el sustento se impone por encima del proyecto político. La dirección actual del PSOE ha ido anulando poco a poco las voluntades existentes en cada uno de sus federaciones o partidos afines para consagrar el sillón de Zapatero. Y si Zapatero mantiene su sillón los fieles tendrán el suyo. El poder no es un instrumento para gestionar la sociedad; es para gestionar el propio poder.
Lo mismo ocurre en el PP, donde desde la cúspide hasta la base se extiende la instrumentalización del poder para asegurarse un sueldo. Los próximos congresos provinciales y regionales están repletos de amenazas y favores en función de la seguridad del sillón y no de la representación política. Por ejemplo, la secretaria general del PP, Maria Dolores de Cospedal, vota en su región a favor de blindar el Tajo porque debe mantener el escaño, no porque sea lo más conveniente.
No solo ocurre en España. Adecuado o no el Plan de Rescate de Busch ha encontrado la oposición de senadores y congresistas demócratas y republicanos. ¿Ejemplo de democracia con un legislativo independiente del ejecutivo y de los partidos? ¡Quia! El mismo día que se vota el presidente de EE.UU los norteamericanos renuevan parte de sus cámaras y los candidatos no quieren aparecer ahora votando una ley que no es aceptada por la mayoría de los electores. Primero su sillón, después la posible solución de la crisis. La única diferencia americana frente a la democracia española es que allí el músculo de la sociedad civil es más importante que los partidos y permite una mayor representación. Desde la sociedad del rifle hasta la de fontaneros negros todos pueden expresar u opinión y presión en las decisiones políticas. Lo peor es que en cualquier caso y lugar esta perversión de la democracia consolida los manejos para la elección y desvirtúa la representación.
Jueves, 31 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
José Pómez