La columna

Zapatero ya es Cesar

28.09.08 | 12:16. Archivado en política
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La lectura de lo ocurrido este fin de semana en el congreso del partido socialista del País Valenciano (PSPV-PSOE) no puede quedarse en la simple contabilidad de los votos que recogió el nuevo secretario general Jorge Alarte ( 282 ) frente a los de Ximo Puig (262). Eso es simplemente el resultado de la presión adecuada sobre los votos necesarios. Este congreso hay que leerlo como el definitivo entronamiento de José Luis Rodríguez Zapatero como Cesar de las Españas.

Con la entrega del último rincón por conquistar, la guerra por el caudillismo ha terminado. Ya está ganado y los ejércitos rebeles desarmados. Y pobre del que se mueva. No le quedará ni para café. Zapatero y sus fieles actúan así en nombre del Imperio. Cayó Maragall para que Montilla liderara un PSC fiel a Zapatero que no al PSOE. Blanco desarmó con genio y figura la Federación Socialista de Madrid, para colocar al frente a Tomás Gómez, un hombre de fe en Zapatero que no de razón socialista. Y así han ido cayendo feudos rebeldes cual las Galias, hasta que este fin de semana ha caído el PSPV.

Esa es la lectura final del Congreso valenciano. Lo de menos es si el ganador se llama Jorge Alarte y si en su ejecutiva entran dos por Alicante, uno por Castellón o la Virgen de los Desamparados. La clave es que las decisiones sobre la Comunidad Valenciana se tomarán en la calle Ferraz o en la Moncloa. Aún más. En la apuesta que hace ahora el PSOE el próximo candidato socialista a la Generalitat no será Alarte, aunque sea el que figure en los carteles. Será Zapatero. Y esto conlleva riesgos y ventajas que sabrá aprovechar el PP.

Con esa apuesta Madrid no podía permitir que ganara Ximo Puig (alcalde de Morella), que enlaza el momento actual con la tradición socialista en la Comunidad Valenciana cuando se llamaba País Valenciano. Necesitaba un pasante, que a su vez se rodeará de otros pasantes de menor perfil en las comarcas y municipios. Ni una fisura. Y pobre del que se mueva en los siguientes congresos comarcales y locales, aunque van a verse muchos cambios de chaquetas. Por eso Leire Pajín orquestó magníficamente los símbolos habituales que se manejan en el PSOE para estos menesteres, como son la unidad en torno al líder. Luego ya es cuestión de apretar unas cuantas clavijas y controlar los votos. Guerra ganada. Zapatero ya es Trajano para enfrentarse a Italia y Francia porque demostraremos que meamos mas largo que ellos.

¿Es acertada esta opción? Quizá lo sea electoralmente, si las cosas le van tan bien al PSOE como le van de mal a un PP que no acierta ni con sus compañeros de cama. La tierra para quien la trabaja y la Moncloa siembra muy bien y tiene los mejores tractores. Y como dice El Padrino: Zapatero no habla de política con los españoles. Habla de negocios y de emociones. Pero esta opción tiene como gran extremo negativo, sobre todo en un partido de izquierdas, que cae en el más burdo cesarismo, por no decir stalinismo. Aquí solo habla, decide, piensa y existe el Cesar Zapatero. No hay más partido ni más pensamiento. Y ello provoca, por ejemplo, la incapacidad por atender la crisis porque el líder no sabe qué hacer. Tanto hablar mal de Busch y resulta que acepta más el debate sobre sus decisiones financieras que el propio Zapatero sobre los Presupuestos del Estado.

La mejor explicación de este proceso cesarista está en “Las Memorias de Adriano”, de Marguerite Yourcenar. La justificada ambición de un político por el poder pierde su validez cuando lamina cualquier posibilidad de opción a la que confrontarse. Ahi termina el talante y la democracia politica y empieza el caudillismo.


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