Unos ayuntamientos de todos los colores y algunos gobiernos autónomos de cualquier sigla política explicitan estos días claramente que hay que apretarse el cinturón. Simplemente hacen lo que familias y empresas están haciendo en España desde hace unos meses. Menos gastos diarios (cafenito, visita a Zara y cortinas nuevas) y retraso o eliminación de inversiones tangibles (cambio de coche, apartamento en Andorra o en la playa o un horno nuevo en la fábrica).
Lo están haciendo todos menos el Gobierno de España y de Zapatero que dice que mantendrá el gasto social frente a todos los problemas del mundo, aunque de verdad haya reducido drásticamente todo este capitulo pese a que lo mantiene en los presupuestos. Una coña. Antes mentir que reconocer la necesidad. La autocrítica ha sido borrada de la enseña del PSOE. Aún más. Como este papelón lo está haciendo Solbes, ya verán como hasta llegan al extremo de sacrificar la cabeza del Bautista para que no corra peligro la de Zapatero.
Pero lo que hacen ayuntamientos y gobiernos lo trae la crisis, pero debía llegar incluso sin ella. Primero porque había que poner freno a proyectos que tenían escasa rentabilidad ciudadana y segundo, como en el caso de las familias, porque no se puede salir a comer langosta todos los días. Como en el gasto social. No se puede hacer una Ley de Dependencia que obliga al Gobierno a abonar unas cantidades fijas por dependiente valorado como tal y luego declararse andana. ¿Así se mantiene el gasto social?
Lo malo es que en los últimos años creció mucho la avaricia por gastar e incluso invertir un dinero que no era propio. Una empresa, una institución o una familia que debe más en intereses de lo que genera en ingresos están condenadas al cierre. Y peor si ahora no se quiere reconocer la evidencia de que esa fórmula no da para más y que apretarse el cinturón no equivale exclusivamente a despidos o bajar los sueldos simbólicamente. Eso es el chocolate del loro. Apretarse el cinturón es reconocer la enfermedad y generar negocio o dinero por otros cauces y mercados que no sean los que han llevado la sociedad, la familia o la institución al fracaso o al endeudamiento.
Por eso ante esta situación caben otras alternativas complementarias a los despidos o a la demagogia política de congelar los sueldos de concejales y diputados. Primero actuar con transparencia y sinceridad. Lo que puede ser puede ser y lo que no puede ser es imposible. Y la mejor prueba de la falsedad de muchas actuaciones políticas o empresariales está en las listas del paro. Millones de personas en el paro y las empresas en producción no encuentran nadie que quiera trabajar como exige la situación de crisis.
Y si hay nichos de negocio por abordar, en atención a las nuevas tendencias de consumo, también hay alternativas políticas. Las familias saben que coger el autobús o el tren y ahorrar unos euros es menos incómodo que encontrar aparcamiento para el coche que gasta mucha gasolina. O que bajarse un juego familiar por Internet produce más alegrías que ir a cenar langosta. Por eso los políticos también deben saber que la prosperidad de una ciudad no la marcan solo las carreteras y los grandes edificios. La marcan las percepciones de que en ella se vive a gusto y será un buen lugar para que vivan nuestros hijos. Y eso no vale mucho dinero.
Jueves, 31 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
José Pómez