Dice Fernández Urbaneja, presidente de la Federación de Asociaciones de la Prensa, que percibe en la sociedad una queja por el partidismo de los medios de comunicación y la falta de reconocimiento de la línea editorial de cada uno. Me parece una afirmación notable, que ayer ratifique cuando vi el programa Caiga Quien Caiga en la Sexta, tratando la movida de un pleno de la Diputación de Castellón y la figura de su presidente, Carlos Fabra.
Hacia tiempo que no veía este programa. Y el de ayer, fiel a sus propósitos, estuvo magnífico, divertido y provocador con el tema citado, la visita del Príncipe a Cuenca o los entrenamientos de Rafael Nadal y compañía para la Copa Davis. Está perfectamente dentro de la apuesta de La Sexta por una programación divertida y entretenida a combinar con las retransmisiones deportivas que pueda comprar.
Y aún más. Estaba dentro de su línea editorial, de actuar como ariete de estrategia política diseñada en la Moncloa por los especialistas de Rodríguez Zapatero. Lo hacen en Caiga Quien Caiga, en un concurso y el mismo grupo editorial en los contenidos del diario Público. Magnífico. Ese es su papel. Su hueco en el mercado y para está hecha la millonaria inversión. ¿Por qué negarlo? En Francia o en Estados Unidos los medios de comunicación nunca reniegan de su línea editorial. Por mi parte, con más treinta años en este negocio, siempre he mantenido que la independencia es imposible, porque en este oficio siempre hay un interés político o económico. La cuestión es reconocerlo y no ampararse en la libertad de expresión para defender un propósito o atacar unas siglas. ¿Alguien duda de que el ABC es un periódico monárquico y próximo al PP? ¿Por qué no lo declara aquel que se sienta republicano o próximo al PSOE?
La Sexta y Caiga Quien Caiga cargaron contra Carlos Fabra con un buen programa, muy bien montado, mejor urdido y perfectamente diseñado para su propósito. Tan bien estaba tramado que al final el malo no era Fabra sino el pueblo de Castellón que lo aguanta. Por eso anunciaron que volverán a Castellón, para seguir demostrando que vivimos en la Edad Media.
Y tienen derecho a decir eso y lo qué quieran. Es la libertad de expresión. Pero como plantea el presidente de la FAPE la percepción ciudadana es que ahí falta una cosa: aclarar que la línea editorial de La Sexta corresponde a unos criterios políticos concretos. Si ese principio queda claro, el espectador entiende mejor las claves de un programa o un telediario. Si ese principio quedara claro, hubiera quedado claro que solo entrevistaron a militantes históricos del PSOE (presidente de la Asociación de Consumidores de la Comunidad Valenciana), periodistas afines a este partido y vinculados familiarmente a dirigentes socialistas y a unas personas mayores que estaban en la plaza Mayor de Castellón a las que intentaron ridiculizar.
La Sexta debe hacer ese programa que hizo si considera que Fabra insultó cuando dijo “hijo de puta” al acabar un pleno, denunciar lo que ocurre en los juzgados de Nules y poner a Fabra en la picota por lo que considere editorialmente válido. Ya se defenderá Fabra de la forma que también crea conveniente, aunque en su caso lo hayan ahorcado antes de juzgarlo. Pero La Sexta debe dejar claro que su línea editorial entronca en una estrategia concreta, sus promotores pertenecen a una corriente política más que digna (el PSOE) y en el programa solo cabe lo que es válido para estos propósitos políticos. Si Caiga Quien Caiga, La Sexta, Público, El País, La Razón, el ABC o la revista “independiente” de Villarubinos de Abajo lo dejaran claro sabríamos porque emiten los programas que emiten o escriben los artículos que escriben en nombre de la libertad de expresión.
Viernes, 17 de febrero
Raúl González Zorrilla
José Pómez
Francisco Rubiales
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Antonio Javier Vicente Gil
Carlos Ruiz Miguel
Pedro Fernández Barbadillo
Rufino Soriano Tena
Enrique Zubiaga
Vicente A. C. M.