Ya hemos superado todos los topes de desconfianza ante la incapacidad política del Gobierno de España y de Zapatero para encontrar caminos que enmienden en algo la crisis que padecemos. Normal. Uno no puede curarse un cáncer si niega que lo tenga. Ahora entramos en la etapa de resignación tenebrosa porque los llamados poderes civiles también son incapaces de ejercer la presión suficiente para obligar al Gobierno de España y de Zapatero a tomar medidas o demostrar que las quiere tomar, si saben y pueden.
Lo del Gobierno de España y de Zapatero es extensible más allá de los Pirineos. La decisión de meter 3.000 millones de Euros para ayudar a promotoras y bancos en crisis vía fomento del alquiler de viviendas es de Perogrullo. Los tres mil millones ya estén en el agujero negro de las arcas en crisis y no van a generar demanda y confianza en el mercado, que es lo que falta. Pero igual va a pasar con los cien mil millones que lleva regalados el Banco Central Europeo. Pasarán al agujero negro de las deudas financieras de bancos, cajas de ahorros y empresas varias y el ciudadano de a pie seguiría sin tener confianza para incrementar su consumo de bienes temporales o duraderos.
Curiosamente tanto los republicanos de EE.UU como el conservador Trichet adoptan las tesis de los socialistas españoles (véase artículo de Felipe González en El País de 17 de septiembre o el discurso de Zapatero del día 16) optando por un intervencionismo estatal en la economía, para salvar a las grandes empresas y bancos y olvidando que la demanda se genera desde bajo. Puede más la decisión política de intervenir y controlar desde el Estado que facilitar la confianza ciudadana. Así empezó la depresión de 1929.
Pero en el caso español la desconfianza empieza a mezclarse con la resignación ante la incapacidad de las organizaciones civiles por sacar los dientes al Gobierno de España y de Zapatero. El comportamiento de sindicatos y patronal con esta crisis raya entre el infantilismo y la prevaricación. O son tontos o se lo hacen por intereses. ¿Cómo pueden admitir que en estos momentos se firmen pactos intersectoriales con los parámetros salariales, de empleo, I+D, productividad, etc. que antes de esta crisis? ¿Cómo pueden admitir una subida de pensiones del 6 por ciento que Hacienda no puede pagar y, además, se quedará en un punto y medio gracias a la inflación? ¿Cómo pueden los empresarios admitir el anquilosamiento en inversiones públicas como si el petróleo fuera un bien abundante y no escaso?
Por un par de puntos en el jornal o una pequeña flexibilidad en el empleo los sindicatos les montaron huelgas generales a Felipe González y Aznar. Ahora que está en juego el empleo de millones de personas, el empobrecimiento de otras tantas y la ruina de miles de PYMES, sindicatos y patronal callan y firman lo que les echen. Ya digo: infantilismo o prevaricación.
Jueves, 31 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
José Pómez