El franquismo duró tanto que creo una cultura política y hasta la liturgia de la contracultura franquista. Y pasados los años las dos actitudes se han convertido en “tics”, especialmente entre periodistas y la izquierda dominante. Al menos así lo percibo en las reacciones frente a la elección de los miembros del Consejo del Poder Judicial o en el debate para la elección a la secretaría general de los socialistas valencianos.
La Constitución reconoce claramente en los artículos 16 y 23 la libertad ideológica y de participación de los ciudadanos españoles, estén dónde estén y ocupen los cargos que ocupen. Fue una de las conquistas de la democracia frente al franquismo. Como también dice (artículo 127) que los miembros del Consejo del Poder Judicial no deben pertenecer a partido político alguno mientras estén en el ejercicio de este poder.
Bien. Pues pese a lo que dice la Constitución y al acuerdo entre PP y PSOE para elegir los vocales del CPJ, desde diversas plataformas mediáticas han montado una bronca descomunal porque estos señores tienen ideologías concretas, blancas o verdes, y porque anteriormente han participado activamente en la política. Puro reflejo franquista que dejaba la política solo para los iluminados por Franco. Otra cosa es la idoneidad de los personajes elegidos.
Pero también está pasando en el debate para la elección de secretario general del PSPV-PSOE. Que este partido ha sido siempre Beirut es algo por todos sabido. Y no es este el motivo principal de sus desastres electorales, porque ya era Beirut en tiempos de Joan Lerma y este gobernó la Generalitat durante trece años. Pero la cultura franquista afincada en la izquierda y la clase mediática recurre tópicamente al valor de la unidad o el centralismo político como argumentos para contraponer al debate político que se vive en el seno de este partido. Puro reflejo franquista.
En el PSPV se vive una lucha por el poder, que es algo magnífico en un partido. Para eso están las organizaciones políticas. Lo hemos visto y aplaudido como ejemplo democrático en las primarias de EE.UU entre Obama y Clinton. ¿Por qué aquí asusta? Aún más. En pura liturgia antifranquista se les pide a los candidatos que profesen valores de izquierda histórica sin tener en cuenta cómo debe ser la izquierda del Siglo XXI, escuchada incluso Marta Harnecker cuando dice que la izquierda está en crisis y no está claro un horizonte socialista precisamente porque no sabe hacer frente a los problemas de hoy. Pero ahí está la liturgia antifranquista para jalear a los candidatos hacia posiciones encontradas con el electorado.
Por eso estos candidatos exhiben como valores políticamente correctos principios que ya forman parte de la cultura ciudadana. ¿Por qué los candidatos a dirigir el PSPV tienen que exhibir como valor la verdad, la democracia o la participación, que ya forman parte de la cultura ciudadana del siglo XXI? Es puro reflejo antifranquista, en el mismo juego que McCain hace cuando asume el papel de único héroe americano para convencer al ala más conservadora del electorado norteamericano.
La excusa es que se trata de una elección interna y a las bases socialistas les gusta ese lenguaje. Pero pese a ser cierto refleja ese “tic” excesivo, cuando además los candidatos presumen de pretender modernizar el partido.
Luego está el juego electoral. Leire Pajín presiona para conseguir la conjunción Alarte-Ana Noguera y ponerle a Zapatero el PSPV-PSOE en bandeja y ella quedar como profeta en su tierra. Ximo Puig, con un discurso más federal y pragmático, se ve obligado a dedicar la mitad de su discurso y esfuerzo a defenderse de esa cultura franquista: el poder viene de Madrid y la unidad bajo el mando es obligatoria.
¿Qué pasaría si como ocurre en las primarias de EE.UU la pluralidad total estuviera admitida y los candidatos tuvieran que proponer a los militantes alternativas reales y no forzadas por esos posicionamientos tópicos que exige el frente mediático y los “tics” franquistas? Pasaría que el PSPV-PSOE tendría entonces 50.000 militantes como reclama Puig y abandonarías las catacumbas. Pero eso no lo quieren los sumos sacerdotes o sacerdotisas, con lo cual dejan todo el espacio utilizable para el PP, que no arrastra complejos.
Jueves, 31 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
José Pómez