Obligado comentario en el reencuentro posvacacional es hablar de la cantidad de carteles que hay con el “se vende”, “se alquila” o “se traspasa” en cualquier ciudad española. Y eso que nadie anuncia lo que le dice al banco: “pues quédeselo regalado porque no quiero la tienda o el piso para nada.” Lo que se veía venir está ocurriendo, aunque Zapatero siga sin enterarse. Suerte que tiene.
¿Hay algún comerciante de cualquier sector que no se queje de la caída de ventas? Se venden casas, menos coches, menos electrodomésticos, menos muebles y hasta menos condones, la mayor seguridad de que el mercado no tiene alegría. Y, sin embargo, crecen los ahorros en bancos y cajas, también señal evidente de que el dinero “no se fía.”
Primero me da por comparar unas estadísticas. ¿Hay que establecer la caída de la demanda en relación a 2007 o mejor llevarla a los años 96-99, por ejemplo? Si hacemos esto nos llevaríamos una sorpresa. En el final de siglo XX las cifras de ventas no eran muy superiores a las de este año. Solo que los costes eran más bajos y había confianza en el futuro. Lo que no guardan relación los datos de 2008 es con las ventas de cualquier producto en 2003-2204 y sucesivos. Todo se ha ido al suelo.
Y todo tiene su explicación. Desde el 2000 en adelante las hipotecas se daban al coste total de la vivienda, incluso por una cantidad superior, producto del crecimiento que se espera en el precio de este producto para años venideros. Y nada más fácil que inflar la hipoteca y con esta financiación, más barata que un préstamo personal, todo dios se compraba muebles nuevos, coche nuevo, dos frigoríficos atómicos y una moto para el niño. Caen las hipotecas, cae la venta de viviendas y cae la venta de todo lo que cabía en la hipoteca. ¿Quién dejó hacer aquellas tasaciones a las empresas del ramo, siempre dependientes de un banco o una caja? Pues acabada la vaca se acabaron las ventas y volvemos a la normalidad o a buscarse la vida en otros negocios, que los hay.
Con estas expectativas uno alquilaba una planta baja por seis o diez mil euros y contrataba tres dependientes sin experiencia aunque fuera para vender chufas amargas. Todo se vendía. No hacía falta nada más. Hasta el proveedor fiaba a medio plazo. Pero de repente, por el capítulo anterior y por la desconfianza de la gente y por falta de circulante, cae la demanda y no hay quien aguante los seis o diez mil euros de alquiler, a los tres dependientes que siguen sin saber vender y las apreturas de los proveedores que no quieren ver un pagaré.
Luego lo que está ocurriendo es lo que tenía que ocurrir desde que se permitió jugar con las valoraciones por un interés interesado, desde que en los negocios de cualquier tipo se metieron todos los que como máxima experiencia tenían el haber comprado calcetines en El Corte Inglés calcetines y desde que los poderes políticos permitieron el juego falso del mercado, que tiene poco que ver con la economía libre del mercado. Ahora “se vende”, “se traspasa”, “se alquila” o se regala porque no hay quien aguante una tienda abierta sin saber qué vender. Porque que yo sepa a Ikea no le faltan clientes. Será porque sabe lo qué vende, dónde y a quién se lo tiene que vender.
Jueves, 31 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
José Pómez