La columna

Es el patrimonio, no el sol y la playa

23.08.08 | 09:59. Archivado en Economía
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Este fin de semana cayeron cuatro gotas en varias localidades mediterráneas y los turistas corrieron presurosos a sus coches para volver a sus ciudades y países de origen. Una semana antes dieron por terminadas sus vacaciones y todos exclamaron al unísono: “¡Para esto compramos el apartamento!” Y ahí es donde está la crisis del modelo turístico español, no en el sol y la playa.

Los sabios del papel y del despacho concluyen que también ha caído el modelo turístico español porque este año vendrán menos turistas. Lo dicen unos más próximos al PSOE porque creen que así echan la culpa a los ocho años de gobierno de Aznar y lo hacen quienes huelen a naftalina en el PP porque creen que así le echan la culpa a Zapatero. Y, además, por si viene a cuento, siempre salpican a las comunidades autónomas de uno y otro bando.

Para los ignorantes hay que explicar que el modelo turístico español se compone de cuatro patas, iniciadas cuando Antonio Mercero grababa Verano azul en Nerja y un alcalde socialista, Catalá Chana, completaba en Benidorm la obra iniciada por el franquista Pedro Zaragoza. Sol, playa, apartamento y precios baratos. Treinta años más tarde solo quedan dos patas en buenas condiciones: sol y playa. Y además hemos añadido más peso encima de la mesa: mal servicio, mucha y buena competencia con el mismo sol y en el mismo mar y una crisis patrimonial, que es la clave fundamental que provoca el cambio de modelo.

En los últimos años el españolito de pie se ha comprado una segunda residencia en una playa, al lado de un pantano o en una urbanización de la montaña. Unos gastaron más y otros menos, pero más de tres millones de españoles tienen ahora su patrimonio en el aire porque no pueden pagar el apartamento de la playa o el del pantano, tengan o no campo de golf o balneario. Tres millones de españoles que aspiraban a pasar sus vacaciones en su apartamento y con tener el bien en su activo patrimonial daban por satisfecho que solo lo utilizaban un mes al año y tres puentes. La suegra y el yerno estaban también encantados.

Pero ahora resulta que han perdido el patrimonio y la hija, en un alarde de responsabilidad, decide que ella y su marido, en lugar de comprarse un apartamento, renuncian a tener patrimonio y lleva dos veranos pasando quince días en un hotel donde la tratan de lujo. Y, además los dos puentes, en lugar del ir obligatoriamente al apartamento se van a Praga una vez y a Disney la siguiente. Cuando su padre le pregunta le dice que con los 250.000 Euros más intereses que le costaría el apartamento se toma unas vacaciones de lujo cada verano de su vida y se va tres veces de viaje al año a lugares paradisíacos. ¿Para qué comprarse un apartamento y luego no poder pagarlo, que suban los intereses o que venga una crisis? No interesa ese patrimonio.

Deberán pasar generaciones para que comprarse un apartamento en la playa o al lado del pantano vuelva a tener interés, aunque la urbanización tenga golf o una pista de tenis con Rafa Nadal de profesor. Lo de los precios es un añadido más. Sale más barato un café en la Quinta Avenida de Nueva York que en Torremolinos. Y además te lo sirven con amabilidad y no te echan la cucharilla en los pantalones.

Ahí está la clave. No en el dinero. Las pernoctaciones en hoteles han subido en los últimos meses, igual como el ahorro en el primer semestre del año. Cae la compra de bienes duraderos y se mantiene la de bienes temporales. Luego no cae el modelo del turismo de sol y playa. Cae la venta de apartamentos o la utilización de los mismos por quienes ya los tenían. Y eso hace bajar hasta las pizzas y la coca-colas.


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