Conmigo ya deben ser tropocientos mil los que este año no vemos la manera de volver de vacaciones. Y no es por el síndrome acostumbrado, ni por dejar el botijo olvidado. Es que en septiembre ya no hay más alternativa que enfrentarse a lo que hay. El primer semestre España sobrevivió entre engaños de Zapatero y la excusa del efecto de la crisis global. Pero septiembre amanecerá con un frío terrible y sin una manta que tirarse encima.
Por eso los menos pesimistas concluyen que nos espera una dura de etapa de “sangre, sudor y lágrimas” precisamente por no querer reconocer ni Zapatero ni los grandes líderes de la oposición ni los rutilantes emprendedores de los últimos quince años que esto es algo más que una crisis. Esto es un cambio de paradigma en el que está en juego desde el Estado del Bienestar hasta el apunte de una o varias guerras para reestabilizar la economía. Vamos, que esto es el 29, solo que en lugar de en Wall Street estallará en Madrid cual mina expansiva.
Por ello resulta absurdo el debate sobre las decisiones del Gobierno de la pasada semana (¿recuerda usted alguna?) o la corbata de Miguel Sebastian para hacer frente simbólicamente a la lucha contra el cambio climático. Chorradas y, además, falsas. ¿Recuerdan cuando anunciaron la posibilidad de aplazar el pago del impuesto de sociedades? Pues hace quince días lo intentaron miles de empresas y se encontraron que solo en avales bancarios pagaban más que el propio impuesto. Pues así son todas las medidas anunciadas. Y los de enfrente aún peor.
Los socialistas se asesoran de jefes de grandes bancos y grandes empresas para ver si les dan una lucecita a la que apuntarse. Y Montoro y compañía andan con políticas seudoliberales pensadas para montar más ruido mediático que el contrario. No para enfrentarse a la crisis. Con decir que una solución propuesta en dos comunidades del PP (Madrid y Comunidad Valenciana) es crear más polígonos industriales, cuando las empresas cierran a mansalva y van a haber naves a precio de saldo, ya está casi todo dicho.
Antes de hablar de medidas caben dos claros análisis. Uno: valorar la dimensión de esta crisis, por encima de los titulares de los periódicos del día siguiente. Pero no solo es cuestión política, que lo es por la mediocridad gobernante, es también de liderazgo civil. Acostumbrados a poner la mano y sacar oro de cualquier rincón, el español ha perdido todo carácter crítico y emprendedor. Y el empresario español no sabe qué hacer más que lo que ha hecho en los últimos quince años: vender y gastar. Políticos, periodistas y empresarios tienen pánico que se acabe el modelo que ha alimentado a todos durante los últimos años. Eso hay que tenerlo muy claro. Cambio de paradigma.
Y dos: empezar a pensar qué hacer por la anterior y por muchas y variadas razones. Petróleo, alimentos, conocimiento, dinero, inmigración y hasta la demostración de poder de los chinos en la ceremonia inaugural de los JJ.OO. Cuando lo vi por TV tuve claro que el eje mundial con o sin crisis está en el Pacífico y en la economía digital. ¿Se dio cuenta de eso Zapatero cuando vio la sesión desde su Moncloa vacacional? ¿Se han dado cuenta los miles de empresarios que se empeñan en culpar de todo al banco o caja de turno y estos a los especuladores que amamantaron? Pues como nadie quiere darse cuenta de que hay cambio o sangre, sudor y lágrimas, igual me quedo de vacaciones un par de años, aunque sea a base de sardinas y Don Simón, que a todo hay que volver.
Jueves, 31 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
José Pómez