Aquí la cosa es buscarse alguien que haga de malo. Esa es el único marketing político que funciona. Da lo mismo lo que uno haga o diga: sino lo hace contra alguien el proceso de ideación de la propuesta política no funciona. En lo que Joan Costa llama la geometría de las deformaciones en la creación de las ideas hemos puesto un malo al final el semantograma. ¿Tiene usted ya su malo? No valen la mujer, el marido o la suegra.
Obligado comentario en el reencuentro posvacacional es hablar de la cantidad de carteles que hay con el “se vende”, “se alquila” o “se traspasa” en cualquier ciudad española. Y eso que nadie anuncia lo que le dice al banco: “pues quédeselo regalado porque no quiero la tienda o el piso para nada.” Lo que se veía venir está ocurriendo, aunque Zapatero siga sin enterarse. Suerte que tiene.
Este fin de semana cayeron cuatro gotas en varias localidades mediterráneas y los turistas corrieron presurosos a sus coches para volver a sus ciudades y países de origen. Una semana antes dieron por terminadas sus vacaciones y todos exclamaron al unísono: “¡Para esto compramos el apartamento!” Y ahí es donde está la crisis del modelo turístico español, no en el sol y la playa.
Hay que ver la rapidez con la que trabaja el departamento de marketing de la Moncloa. En la anterior legislatura en dos meses percibieron que las negociaciones con ETA eran malas para la salud electoral del gobierno y le dieron la vuelta al calcetín de la mano de Rubalcaba y pese al deseo íntimo de Zapatero de consolidar un cambio del modelo constitucional en España. En esta legislatura ya llevan dos procesos de modificación de anteriores criterios muy sólidos, pero deben adaptarse a la noche de los tiempos.
La tragedia de la T-4 en Madrid es angustiosa. Hasta donde llego, condolencias para los familiares. Pero me preocupan especialmente las miles de personas que tienen pánico a volar y que ahora estarán en un aeropuerto estrujándose las tripas para decidir subirse a un avión. Los he visto sudar y familiarmente he tenido que acoger a quienes subían sin alternativa a un avión y padecían el pánico a volar. Esta gente debe estar pasándolo muy mal en cualquier lugar del mundo donde se encuentren.
Regresan unos amigos de Nueva York, donde pasar diez días de vacaciones es más barato que llevar la suegra a Marina D’Or o comprar un apartamento en Polaris Golf, y cuentan que desde el USA Today hasta el gratuito El Diario, que es un periódico latino de gran influencia, tienen relegada a la segunda página la campaña de Obama y la guerra en Georgia para estar todos los días con los efectos de la crisis económica en la bolsa, en las subvenciones sociales o en los cambios estructurales que se les vienen encima a los americanos.
Conmigo ya deben ser tropocientos mil los que este año no vemos la manera de volver de vacaciones. Y no es por el síndrome acostumbrado, ni por dejar el botijo olvidado. Es que en septiembre ya no hay más alternativa que enfrentarse a lo que hay. El primer semestre España sobrevivió entre engaños de Zapatero y la excusa del efecto de la crisis global. Pero septiembre amanecerá con un frío terrible y sin una manta que tirarse encima.
Esto del verano da tiempo para darse unas grandes panzadas de leer y escuchar a otros sobre cómo va el mundo. Políticos, dirigentes empresariales, tertulianos “escuchapedos”, como les dice una variante del castellano, y hasta en directo las heridas de la crisis que te cuenta un vecino de playa que no consigue el consiguiente préstamo bancario. Y tras sucesivas panzadas y reconfortadoras siestas te queda la sensación de aquí nadie quiere darse por enterado de que esto no es una crisis, es la Gran Crisis, la tormenta perfecta de todas las crisis, que dice Don Tapscoott (Economía Digital).
Jueves, 31 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
José Pómez