No entiendo nada de fútbol, especialmente porque no me gusta. Pero siempre he reconocido que en los últimos cien años es uno de los mejores escenarios donde analizar sociológicamente el mundo que vivimos.
Menudo análisis merece que la victoria de España en la Eurocopa la vieran casi diecisiete millones de españoles, con mayorías significativas en Catalunya, País Vasco o Galicia, donde parece que lo único que existe es el nacionalismo político. Pues no. La mayor parte de la ciudadanía saltaba con los goles de “la roja”.
Y menudo análisis merece lo que está pasando en el Valencia Club de Fútbol. Vaya por delante que no lo tengo muy claro, pero solo con ver los actores que discurren por el escenario se quedo uno cabizbajo y meditabundo. ¡Aquí pasa algo! ¿Lo qué? Pues debe estar pasando lo peor.
Fíjense: todo el mundo sabe en Valencia city y en cualquier oficina bancaria que las empresas de Soler están pasándolas canutas, como muchos otros promotores inmobiliarios, aunque tengan el riñón muy cubierto. Y todo el mundo sabe que el Valencia, que aún es propiedad de Soler, está si cae o no cae por el precipicio económico, deportivo y hasta social.
Todo el mundo sabe también que la operación de Soler en el Valencia no era deportiva sino urbanística. Y que cuando entra la crisis inmobiliaria entra la crisis deportiva porque ya no interesa ni el larguero de la portería. Por eso el equipo está a punto de bajar a segunda. A los directivos de turno les importa una higa, una vez el precio del suelo está en bancarrota.
Pero para salvar los papeles se llevan a Wollstein como directivo. Ojo al parche: este señor venía desde la dirección de Radio 9. Y no juzgo más.
A poco aparece Juan Villalonga que hace un simple análisis. Esta marca da ahora más dinero como instrumento de marketing y financiero que como inmobiliaria. Y ahí que se va y apalabra con Soler una cantidad para que el empresario valenciano no quede en ridículo. Como dircom del Valencia de Villalonga va Pilar Vicente, a la sazón subdirectora de Radio 9. Y no juzgo más.
Pero cuando Soler se da cuenta que su orgullo empresarial y personal va a quedar en ridículo cual si fuera un Fernando Martín cualquiera (Martinsa) se crece ante Villalonga, pacta con sus demonios preferidos y con los bolsillos vacíos y las deudas colgando vuelve a coger las riendas del Valencia, sin que se sepa si es para construir el nuevo Mestalla, una pista de Formula 1 en Ribarroja (Porxinos) o jugar al fútbol. Vuelve Wollstein, se va Pilar Vicente y llega Miguel Zorio, propietario de una empresa de comunicación que lleva varios clientes relacionados con el consejo de administración de RTVV. Y no juzgo más.
No se si toda esta crisis tiene algo que ver con RTVV. Creo que no. Afirmo que no. ¿Con la dirección de RTVV? Creo que tampoco. Pero lo que es cierto es que el fútbol concita una cantidad de figurantes en el escenario que salen y entran por las puertas como en las películas de Jaimito sin saber muy bien a dónde van.
¿El Valencia? ¿El fútbol? No se. No entiendo ni me gusta el fútbol, pero el serial resulta de lo más apasionante. Es mejor terapia que el Prozac. Y estamos todavía en los primeros capítulos. Ya verán cuando Villalonga reaparezca de nuevo. Todo esto es mejor que la final de la Eurocopa.
Jueves, 31 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
José Pómez