Los viejos del lugar
21.07.08 @ 23:29:58. Archivado en Cosas de la vida
Escuchaba anoche una entrevista de Antonio San José en CNN con Victor Pérez Diaz sobre el último libro del pensador “El malestar de la democracia” y me parecía entrar en el túnel del tiempo. Pero es algo que me ocurre con frecuencia últimamente cuando leo un periódico, escucho las tertulias radiofónicas (escuchapedos les llaman en América a los tertulianos) o asiento ante las aseveraciones del José Blanco, Fernando Martín o el González Pons de turno (¡por cierto! ¿dónde está el portavoz del PP?) Todo huele a rancio.
Pérez Diaz me descubrió su magnífico análisis de la sociedad civil cuando en este país a esa parte de España que no eran clérigos, militares o políticos había que darles una importancia vital. Lo hizo cuando todos creíamos que lo ocurrido era obra de algún politicastro del tres al cuatro. Pero ahora me da la sensación de desfasado. Y no porque su análisis no sea correcto, en cuanto a las consecuencias históricas que los nacionalismos provocan con su existencia; antes cuando venían de la historia y ahora cuando la escriben.
Me preocupa que Pérez Diaz no valore lo qué está ocurriendo en la sociedad.
Los viejos del lugar dirían que todo esto de la crisis ya lo habían vivido incluso en el 29. Pero nadie quiere entrar a valorar que todo esto es más profundo. Algunos autores (hasta Toffler hace años) se atreven a comparar esta situación con la concluyente de la revolución industrial. Para mi las coincidencias históricas son más determinantes y marcan un camino sin retorno, a no ser que queramos volver a las cavernas.
Los especialistas hablan de las cuatro B: bombillas (energía), basuras (sostenibilidad), baches (nuevas infraestructura) y bits (economía digital), pero basta con darse una vuelta por la calle para saborear lo qué pasa. Está empezando el siglo XXI y ya nada puede analizarse desde la misma bola de cristal. Noah Gordon prefirió sacar su libro La Bodega en Internet antes que en papel y ha tenido más lectores que Keith Follet o Safont, cuyos libros se amontonan en las librerías porque sus ventas están por debajo de las previsiones.
Y los nacionalismos españoles durarán lo que dure el superavit de la caja única de la Seguridad Social. Si la crisis es la que viene, me río del referendum de Ibarretxe o de la historia de los fenicios como maestros del arte del mercadeo en el mediterráneo. Un mulato como Obama marcará más democracia en España que en su propio país, Estados Unidos. Y estos son solo ejemplos de lo que debe introducirse hoy en la coctelera para extraer nuevas conclusiones.
Hay una pereza colectiva a asumir las consecuencias de todo lo que está ocurriendo en la sociedad. Desde el precio del petróleo hasta la aparición del Iphone, pasando por los cayucos. Ni los nacionalismos ni el paro ni el Estado del Bienestar tienen la misma traducción que hace solo dos o tres años. Por eso me duele que Victor Pérez Diaz, una magnífica cabeza y un buen analista sociológico, deje a un lado esta dinámica para sumergirse en la continuidad correcta de la historia. Ahora Batman ya no se llama Batman. Por primera vez le llaman “El Caballero Oscuro” y aparece más en los videojuegos que en el cine o en los comics.
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Jesús Montesinos
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