Todos los muertos no son iguales
12.07.08 @ 18:52:33. Archivado en Cosas de la vida
Usted es un padre residente en España que recibe el domingo por la noche una llamada de la guardia civil para decirle que su hijo murió esa tarde en un accidente de tráfico. Una víctima de la carretera, iba a mucha velocidad, demasiada fiesta o mil excusas más para justificar la muerte de su hijo: la mayor tragedia que pueden vivir unos padres.
Como mínimo le queda la amarga sensación de que todos los días en todas las radios, en todas los carteles imaginarios, en nombre del Gobierno de España, le dicen que no corra, que no beba o que incluso le quitarán los famosos puntos. Remedios que pone el gobierno para que no haya más muertos en la carretera. Este hombre espera que otro de sus hijos no cometa los errores de su hermano.
Pero usted, que es un padre senegalés o mauritano, un día le visita un amigo para decirle que le han dicho en el mercado del pescado que su hijo no llegó a España en el viaje que inició hace seis meses. A duras penas y como por casualidad otro que también tiene un hijo en el camino le explica que su hijo a muerto.
Y a usted, como padre senegalés o mauritano, no le queda otra sensación que la de saber que tiene que alimentar cuatro hijos más y que más pronto o más tarde otro de los hijos cogerá otro cayuco a ver si consigue salvarse de la muerte en ese otro camino de la muerte que hay hacia la Gomera o Almería, que no sabe muy bien dónde están y que son.
Dos muertos, dos hijos muertos, pero que no son iguales. Los candidatos a ser muertos como el primero reciben todos los días un mensaje por todos lados: cuidado, puedes ser el próximo muerto por accidente de tráfico. Los candidatos a muertos como el segundo reciben todos los días el mensaje de que para salvarte de la muerte por hambre tienes que arriesgarte a morir en el cayuco. No todos los muertos son iguales, ni siquiera en la escasa opción que uno tiene a elegir el derecho a morirse. ¿Hay leyes para esta eutanasia?
Y lo que jode finalmente (más allá del dolor humano que sientes por los que quedan vivos) es que el Estado que tanto se preocupa por los primeros apenas muestra una queja con los segundos. Hace años, cuando la configuración del Estado ni existía ni era capaz de mantener una estructura superior a la de limpiar la cabalgadura a un rey, los muertos eran más iguales.
Ahora este maravilloso estado moderno que alarma para que no te mueras en la carretera se queda cruzado de brazos ante los muertos del cayuco. Son imágenes de televisión para el espectáculo del sofá. Este fin de semana Eurocopa y mañana los muertos de Almería. En el primero fueron Zapatero, el Rey y hasta Bibiana Aído, a ver si había alguna mujer entre los jugadores de la Selección. Al segundo el cabo de la guardia civil y dos voluntarios de la Cruz Roja rellenaron una ficha sin nombres.
No todos los muertos son iguales, porque no a todos les dejan morirse igual. El Congreso del PSOE debatió una ponencia atómica sobre el derecho a la eutanasia. Y no dedicó un minuto a los que siguen la senda de muerte de los cayucos (que este verano van a ser cientos), ni siquiera a valorar los otros suicidas, como el de Yecla, que mata a toda su familia porque no tiene para pagar la hipoteca. Y da lo mismo el Congreso del PSOE que el del PP en el País Vasco, quizá porque allí piensan que los cayucos solo afectan han sur, siempre el sur.
Alguien ha decidido en España que todos los muertos no son iguales. Y cualquier día los candidatos a muertos que viven más abajo de Melilla se hartarán de ser tratados como muertos diferentes. Lo peor será saber cómo les explicamos que nosotros no hemos sido, que han sido aquellos, los del llamado Gobierno de España.
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Jesús Montesinos
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