Los empresarios de buscan la vida
08.07.08 @ 15:37:16. Archivado en empresas
Hace más o menos un siglo en las ciudades españolas las plazas de toros, los teatros, incluso hasta los puertos los hacían arriesgados emprendedores que tenían un dinero para apostar por estas aventuras emocionales o porque les apetecía ver una vicetiple o un torero que solo actuaban en escenarios de alto copete.
Después, ya saben, vino el marxismo, el liberalismo, la socialdemocracia, el estado del bienestar y todo ese poder se le pasó al Estado. Por simplificar, desde las plazas de toros hasta los negocios donde invertir pasaron a estar controlados por la administración compuesta por funcionarios y políticos. Ellos tienen el conocimiento, la póliza y los designios del mercado, en beneficio de la socialización de la economía. Lo que no está nada mal si de repartir bienestar se trata.
Y así han ido las cosas con grandes avances en educación, sanidad, igualdad de oportunidades y otros discursos adecuados a lo políticamente correcto. Pero llegan las vacas flacas y ahí es donde aparece la gran diferencia entre el emprendedor y el funcionario y/o político. Todas las crisis del siglo XX se han resuelto a base de ideas propuestas por gente que experimentaba las alternativas en la empresa privada. Aquí y en la tierra de Keynes. La administración nunca entra en suspensión de pagos. Y el funcionario o político de turno jamás se juegan su patrimonio o el empleo por tomar una decisión acertada o errónea. Quienes se juegan el bacalao son los currante de a pie y los empresarios de medio sueldo, que no todo son El Pocero o Bill Gates.
Pero pasan los meses y ni el Zapatero de turno es capaz de reconocer siquiera que hay crisis. O el Sebastian de más allá se inventa unas alternativas energéticas que causan risa a un niño de los que ahora, en 2008, tienen cinco años. O el consejero, alcalde o concejal de turno entienden que hay que seguir haciendo carreteras para fomentar la inversión pública, cuando en unos años sacar el coche de casa será más caro que casar a una hija. Una locura de incapacidad y mediocridad. Pero resulta que la socialización de la economía da el derecho de decisión al gobernante democráticamente elegido aunque sea un torpe mal intencionado.
Por eso hay un registro que se extiende como la espuma, limitado solo por las cúspides empresariales que también están en la mojama que reparten funcionarios y políticos. Que nada cambie para que todo siga igual, retorciendo la frase de Lampedusa. Pero los empresarios que con dos autónomos y dos recibos de la luz impagados se las ven y desean para salir adelante están más que hartos. Y los curritos. Y el que tiene una cuadrilla de veinte a sus espaldas. Si presentan el concurso de acreedores no cobran y si no lo cobran tampoco. Y si es la administración la que se retrasa en el pago, pues a callar. Ahí no vale ni solicitar la suspensión de pagos. Te mandan al inspector de Hacienda o te borran de acudir a un contrato público.
Lo que pasa es que eso forma parte de la realidad española de verdad. Y a esa no llegan los medios de comunicación, expertos en congresos del PP o del PSOE, la biografía de Leire Pajín o la brillantina que luce el de Entrecanales. Nadie resuelve nada. Por eso los empresarios se buscan la vida. Solo hay que hacer un ejercicio muy simple: escuchar o leer las actas de las reuniones sectoriales de las agrupaciones de fontaneros, electricistas, fabricantes de coches de bebe o de bancos de jardín. Explosivas. Un día de estos pedirán que desaparezca el Estado/gobierno que ellos harán las plazas de toros o asegurarán el ahorro de energía de una forma efectiva y, además, ganando dinero.
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Jesús Montesinos
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