La economía de Tarzán
02.07.08 @ 20:56:24. Archivado en Economía
El miércoles entraban ganas de llorar y emigrar incluso al Caribe, tras escuchar el debate sobre la crisis que nunca existió. El problema principal es, por supuesto, la incapacidad ( quizá maldad) del presidente del Gobierno para enfrentarse al problema más grave que se ha enfrentado este país desde tiempos de Franco, incluido el 23 de febrero. Pero escuchar a los llamados líderes de la oposición era aún más deprimente.
Si Zapatero creía interpretar el papel de hada madrina repleta de contradicciones (llegó a decir que hay que dejar que los mercados actúe, al mismo tiempo que enunciaba una serie de medidas intervencionistas en gasto), Rajoy pensó en algún momento ser López Rodó cuando montó el Plan de Estabilización y otros miembros y miembras de la cámara creían unos ser Rosa Luxemburgo, otros Lerroux y hasta alguno recordaba los discursos de Olof Palme cuando hablaba de la implantación del Estado del Bienestar.
Ni uno. Repito. Ni uno de los comparecientes a favor o en contra fue capaz de valorar lo que realmente está ocurriendo en la economía española con mayor gravedad y en la mundial con mejor capacidad de digestión. Como decía el lunes el director general del Fondo Monetario Internacional “el mundo está en crisis” , porque el mundo ha cambiado en cinco años. Y todos esos discursos reiterativos, antiguos, rancios y caducos no tenían en cuenta en caso alguno ese principio. Nadie habló de que el modelo económico ha cambiado y que ya no es cuestión de medidas fiscales o sociales. Es que ya nada es lo que era. ¿No se enteran? ¿O acaso no quieren enterarse?
En Estados Unidos hay un debate profundo sobre un tema que aquí ni se piensa. Ya no hay que construir carreteras, porque al precio que está el petróleo los coches no van a circular con la intensidad que lo hacen ahora. Se inventarán coches solares, con baterías de hidrógeno o con pedales, pero hay una clara transición hacia otro tipo de transporte que supera la etapa del asfalto. Pues aquí gobierno y oposición, según donde ejerzan, piden y piden infraestructuras clásicas: carreteras, pantanos y aparcamientos. Hay que hacer trenes, autopistas del mar. Se acabarán hasta los vuelos baratos.
Por eso resultó absurdo el debate. El mundo está en crisis, que supone de entrada una transformación. Pero en España se suman variables negativas que acrecientan la crisis: incapacidad política para tomar decisiones, fuerte presión de los países productores emergentes sobre la producción industrial básica española, alto coste del dinero y la energía que provocan un elevado déficit exterior. Y la peor. Nadie quiere darse cuenta que ya nada será igual. Escuchar el miércoles por la tarde las mentiras que utilizaba Zapatero en lo que sería una contabilidad analítica del PIB ponía los pelos de punta. Cuando salgamos de la crisis, que saldremos, volveremos al estado económico anterior a ella, mientras el resto de los países europeos estarán otros veinte años por delante. Medio siglo perdido.
En todo el mundo se habla de economía digital, economía sostenible y economía emocional como los nuevos pilares que deben mantener el nuevo modelo económico cuando se salga de esta catarsis (esto es una catarsis: una limpieza de incompetentes). Aquí ni siquiera se quiere reconocer la competitividad que suponen los 3.500 millones de trabajadores que hay en los países emergentes. Ni su capacidad de producción ni su acumulación de capital.
Pero el problema no es sólo de Zapatero y su incapacidad por enfrentarse a la crisis. Escucharlo ayer daba vergüenza. Recomiendo a quien quiera que entre en el ABC del domingo pasado y lea la entrevista con Felipe González. Zapatero ni siquiera se ha leído los discursos de González. El problema va más allá, porque en cada región española se enfrentan a la crisis como si fuera la del ochenta, la de los noventa o la que tuvo Franco en el 73 con la OPEP. Nadie quiere salir a la calle y decirle a la gente que esto ha cambiado.
No son las casas que se han construido de más, ni los coches, ni las bombillas. Es el fracaso escolar, es la productividad, es la energía, es la competitividad, es el desmadre de la inmigración, es un I+D+i de la señorita Pepis. Pero eso nadie lo quiere aceptar. Por eso la crisis afecta a Irlanda, Turquía y España y ya están saliendo de ella Francia y Alemania. Por eso nuestro IPC es del 4,1 por ciento y el de Alemania el 2 por ciento.
Por eso el vicepresidente de Economía de la Generalitat Valenciana, Gerardo Camps, dice que “el modelo económico valenciano está agotado”. Y lo dice aunque en su partido rechinan sus palabras, pero lo saben miles de empresarios que estos meses van a cerrar como puedan esas magníficas fábricas de cemento, calzado, azulejos, mantas o tornillos que hace solo dos años fabricaban y vendía a tope y ahora compran en China porque les sale más barato que producir en Onda, Castalla o Ibi.
Pero el debate fue tan triste que nadie acudió a los juzgados a ver los concursos de acreedores (antes suspensión de pagos) que se presentan cada día. Eso permitió a todos los políticos dejarse caer por el tobogán de criticar lo que no hace un gobierno de inútiles sin aportar un dato sobre cuál es el futuro de nuestra economía. ¿Cuántos “tanques de pensamiento” hay en España definiendo ese modelo económico? Creo que hasta el del Banco Santander está mediatizado por las claves rancias que manejan los políticos.
Ante esto solo cabe lo que se llama la “economía de Tarzán” : no hay que soltar una liana hasta agarrar la otra. Por eso hay que tener muy claro la búsqueda de otros modelos económicos y empresariales para el próximo futuro aunque no soltemos del todo lo que ha funcionado durante años. Es explicable que dejemos una cuota importante del esfuerzo a salvar lo salvable de lo que hay, pero hay que hacer una apuesta fuerte por lo que viene. Porque ahí está la salida de la crisis, caiga quien caiga por el camino. Y tengo claro que el camino será largo.
Comparte esta información
Comentarios:
Aún no hay Comentarios para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Jesús Montesinos
autor
Contacto








