Para dentro de un mes la universidad Jaume I de Castellón ha montado un debate con tres artistas del alambre como Miguel Angel Villena, Juan José Benlloch y el autor de esta bitácora para debatir ni más ni menos cuál es el futuro de la izquierda, qué es la izquierda o a lo mejor porque existe la izquierda si todos queremos conservar lo que exhibe la derecha. No se cuál será el enunciado de la cosa, pero la cosa amenaza con acabar siendo entre una reunión clandestina de exiliados políticos o una asamblea de antiguos alumnos de una renovada Marta Harnecker.
Por si acaso desde hace unas semanas he recuperado unos libros de Marx y Engels, con el ánimo de recordar qué cosa era eso de la izquierda. Hasta he vuelto a releer las ponencias que salían de los congresos del PSOE cuando estaba en la clandestinidad y después en la legalidad. Y así llegue, repasando, hasta el día que Felipe González optó con razón por dejar el marxismo. Y entonces ya di un salto hacia delante hasta la fecha de hoy.
¿Zapatero alumbra una nueva izquierda? ¿Está en gestación un nuevo pensamiento progresista? Lo dudo. Lo único que ocurre es que el debate ideológico es una pura cuestión de ocupación del poder. Y ahí está el congreso del PP este fin de semana para demostrarlo. La izquierda hace la mejor gestión del capitalismo para mantener el poder y la derecha rebusca por la izquierda el populismo que debe permitirle llegar al poder.
Por eso me he quedado de piedra al leer en El País un artículo de Ramoneda en el que, ni más ni menos, dice que “la derecha desea más poder para los poderosos y más dinero para los ricos”…” y la izquierda la defensa del Estado del bienestar, los derechos civiles, la privacidad de la renta básica…” Creí tornar al siglo XIX y volví a recuperar los tomos de Marx y Engels, con la sal de la posguerra mundial y el Estado del bienestar. Porque no se si el debate es el que plantea Ramoneda o la votación en el Parlamento Europeo acerca de limitar los movimientos migratorios que se dan en todo el mundo.
Y llegados a ese punto queda la duda de si la izquierda debe apoyar esa propuesta europea, como han hecho los eurodiputados del PSOE, o posicionarse como Chavez y cortar el grifo del petróleo al país europeo que no acoja a los emigrantes. ¿Qué es ser de izquierda en este asunto? Pues ni la izquierda lo sabe. Por eso a lo mejor la UJI nos convoca a este debate.
De entrada me parece un asunto comparable a la bronca que hay con el cierre de las fábricas de cigarrillos de la multinacional Tobacco. Durante años el mundo occidental de izquierdas combate de mil maneras el vicio de fumar. Fumar no es moderno, es de derechas y de retrógados. ¡Coño! ¿Qué hacen las empresas de tabaco? Pues cerrar. Les baja la producción, fumar está prohibido. ¿Tendrán que dedicarse a hacer cigarrillos de chocolate? ¿Qué debe hacer la izquierda: levantar la prohibición de fumar o admitir que cierren las fábricas de cigarros?
Estamos en una crisis total, con el cambio de paradigma que ello va a suponer. Pues algo habrá que hacer con los millones de inmigrantes que vienen a Europa, con las consecuencias previsibles. Una gran masa de desempleados sin estructura familiar de apoyo, pérdida de la competividad en la calidad de los productos y unos costes altísimos en asistencia social. De acuerdo que estos inmigrantes han aportado su cuota a la Seguridad Social (los legales) y contribuido a la creación de riqueza y al enriquecimiento de muchos. Pero también aportan tensiones sociales y a medida que vaya creciendo la crisis contribuirán al descenso de los salarios de los nativos por exceso de oferta de mano de obra. ¿Cerramos las puertas o abrimos las puertas?
¿Debe la izquierda abrir las puertas y dar de comer de caliente a todo inmigrante, venga en cayuco o con pasaporte de la Unión Europea? ¿O debe regular la entrada de la inmigración en beneficio del currante nativo? Ahí aparece una izquierda con remilgos neocatólicos, entre los que se confunde el internacionalismo de los parias de la tierra con la caridad cristiana. Pero sea cual sea la decisión la primera conclusión es que la izquierda no lo tiene claro. Y así con la productividad, con los sectores y países emergentes o con los nuevos conceptos de colonialismo económico. ¿Qué trabajador español está dispuesto a que trasladen su fábrica a Rumanía, Senegal o Perú en solidaridad con aquellos? La defensa de la inmigración es una defensa a ultranza para evitar la huida del capital. Menuda izquierda.
Este es el gran debate pendiente de la izquierda: reflexionar sobre los problemas reales que trae el siglo XXI. El pacto con los nacionalistas, los 400 euros y la financiación de Catalunya es pura gestión del poder. Y eso lo está haciendo muy bien la derecha buscando caras y perfiles para el target de votantes que le tienen que dar el poder para pactar con los nacionalistas, reducir la fiscalidad o buscar un modelo de financiación autonómica. En eso están en este Congreso de Valencia. Gestión del poder desde el centro equidistante. En septiembre el PSOE hará el suyo para lo mismo, no para definir qué es la izquierda.
Jueves, 31 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
José Pómez