La columna

El PP perderá en 2011 y 2012

23.05.08 | 09:46. Archivado en política
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Otra vez vuelve a hablarse de la necesidad de que España tenga una derecha europea, como si esto fuera un concepto ideológico marcado por Keynes, Berlusconi o anthony Giddnes. Imaginen que bajo el mismo diccionario se hablara de una izquierda china o de una izquierda a lo Obama.

Y en es que el circo de la risa montado alrededor de la crisis de poder en el PP da para mucho más que la imaginación pueda alimentar. Porque quienes quieren definir cómo debe ser esa derecha no son los propios de la derecha: son los de la izquierda y los medios de comunicación que quieren mandar en esa derecha. ¡Gran paradoja!

Mariano Rajoy perdió las elecciones y automáticamente desencadenó dos efectos: uno primero de reflexión por saber qué hacer para superar esos diez millones y medio de votos que son el techo del PP. Y uno segundo de lucha interna por el poder a ver quien acababa con el perdedor y ocupaba su sillón. Pero un efecto detrás del otro.

Si Rajoy hubiera perdido y hubiera anunciado que seguía por los mismos carriles que los años anteriores y con los mismos mimbres ahora no estaríamos en este circo de la risa, mejor a llamar sainete burlesco propio de los hermanos Alvarez Quintero.

Pero pensado lo pensado Rajoy empezó a mover mimbres. Necesitaba aliviar caras largas y quemadas (también podía haber previsto cambiar la suya, pero su reflexión no llegó a tanto) y salir del aislamiento al que le había conseguido meter el PSOE con el pacto del Tinell.

Tal como han ido los cuatro años anteriores el PP no puede aspirar a gobernar ni con Robert Redford de candidato. El PSOE tiene agarrados por los cataplines a todo tipo de nacionalistas, más los dos graneros de votos más importantes de España: Catalunya y Andalucia. El PP puede pasarse fuera de la foto toda la vida de Zapatero y sus herederos.

Lo único que ha hecho Rajoy es iniciar la búsqueda de un formato político que le permita salir de esa zulo. Y da lo mismo que las caras sean de Gallardón, González Pons o la cansina apariencia de Javier Arenas. La clave está en lo que tienen que ofrecer, que puede ser de derechas, de izquierda maoísta o convertirse en amante de Carla Bruni. Lo de montar una derecha europea es de coña, porque la izquierda española ni siquiera reconoce como válidas las medidas que toman los laboristas ingleses para salir de la crisis.

Pues concluida esa reflexión Rajoy empieza a aplicarla. Y como siempre pasa en este país ahí tiemblan las carnes. Importa un carajo la reflexión estratégica. Importa que en su aplicación usted no me toque el sillón. Y Rajoy ha tocado todos los cataplines menos los suyos propios. Y ahí está Maria San Gil que lleva perdiendo más elecciones en el País Vasco que el propio Rajoy en España convertida en Agustina de Aragón.

O Esperanza Aguirre, que solo habla cuando tiene que meterse con Gallardón. O al contrario, que lo mismo da que da lo mismo. Y ahí hasta llega a Camps, que arrancó fuerte con sus apoyos y ahora guarda silencio no sea que Rajoy pierda hasta la camisa y arrastre a todos sus guardianes de las esencias de la nueva acción política. Por eso González Pons un día le hace la ola a Rajoy desde el centro del campo y al día siguiente pita desde la grada.

Pero es un proceso lógico, aunque revestido de circo de la risa porque así conviene contra la iniciativa tomada por Rajoy. Menudo lío tendría el PSOE y sus lógicos aliados mediáticos si ahora el PP rompiera el frente y en unos años estuviera en condiciones de forzar unas elecciones anticipadas, por ejemplo. O a ver qué harían los amigos mediáticos del PP si se quedaran sin enemigo a quien zurrar. El negocio se les venía a bajo. Todo lógico, pero que traducido al día a día se convierte en el circo de la risa. ¿Alguien debate la reflexión de Rajoy de abrir al zulo en el que le han encerrado? Eso no es motivo ni para un chiste.

Lo peor es que como siempre ha ocurrido en los años de democracia esto acaba convirtiéndose en una gangrena que se extiende primero por el partido que la sufre y luego por el cuerpo electoral que lo sostiene. Si Rajoy no cierra esta crisis en un mes, ya está follado el PP en las próximas elecciones. Primero perderá las mayorías municipales y luego otra vez las generales. Y no porque gane el PSOE, sino porque el PP perderá hasta la honra. Si algo se salva será a base de individualidades que le den garantías al elector por encima de las siglas. Y ni con esas lo tienen fácil Gallardón, Barberá o Alberto Fabra.


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